Sigmund Freud. El conquistador (Autor: María Ximena Calleja)

Estado de trabajo del grupo de investigación y lectura “Correspondencia Freudiana”

“Cuando la investigación del médico del alma, que suele contentarse con un frágil material humano, aborda a uno de los grandes de la humanidad, no lo hace obedeciendo a los motivos que tan a menudo los legos le atribuyen. No aspira a “ensuciar lo esplendoroso y arrastrar por el polvo lo excelso”[1]

“La persona de Freud se yergue ante nosotros con una nitidez y significación tan excepcionales, que se puede afirmar de él que, en cuanto a grado de inteligencia y temperamento, pertenece a una elite de poquísimos personajes de interés tan singular”.[2]

Nadie puede negar el conocimiento del “nombre” Sigmund Freud, más allá de conocer sus teorías o no, el nombre se ha hecho un lugar en la historia de la humanidad. Uno de los “genios” que nos ha dado la posibilidad de abrir nuestros límites y los de su tiempo.[3]

En un recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci (1910) Freud enuncia: “Los biógrafos están fijados a su héroe de curiosísima manera. A menudo lo han escogido como objeto de sus estudios porque de antemano le dispensaron una particular afección; razones personales de su vida de sentimiento los movieron a ello. Luego se entregan a un trabajo de idealización que se afana en insertar al grande hombre en la serie de sus propios arquetipos infantiles, acaso reviviendo en él la representación infantil del padre. En aras de ese deseo borran de su fisonomía los rasgos individuales, aplanan las huellas de su lucha vital con resistencias internas y externas, no le toleran ningún resto de endeblez o imperfección humanas, y luego nos presentan una figura ideal ajena y fría, en lugar del hombre de quien pudimos sentirnos emparentados a la distancia. Es lamentable este proceder, pues así sacrifican la verdad a una ilusión y, en beneficio de sus fantasías infantiles, renuncian a la oportunidad de penetrar en los más atrayentes misterios de la naturaleza humana”. [4]

Freud entiende esta crítica como universalmente válida, y no dirigida en particular a los biógrafos de Leonardo.

Sin embargo, cuando se trata de él se opone a dar a conocer cuestiones relativas a su vida a no ser algunas que nos deja entrever por temas referentes al psicoanálisis. Sigmund Freud declaró en varias ocasiones su firme oposición a ser objeto de un estudio biográfico, aduciendo que lo único importante en él eran las ideas; lo más probable era que su vida privada, no encerrara para el mundo el menor interés.

En su presentación autobiográfica (1925)[5], muestra como el psicoanálisis se convirtió en el contenido de su vida expresando que no merece provecho nada de lo que le ha sucedido personalmente si no se refiere a sus vínculos con la ciencia.

Tomaré para el presente trabajo entre otras cosas, las cartas que le escribe Freud a Fliess. Misivas que no fueron escritas con la idea de publicarlas y abarcan el lapso que va de 1887 a 1904, el período en que el psicoanálisis fue creado y desarrollado.

Es en el curso de esta etapa, a la que está indisolublemente ligada la vida de Freud, que escribe algunas de sus obras más revolucionarias como Estudios sobre la histeria (1895), La interpretación de los sueños (1900) así como el famoso historial clínico de Dora (1905{1901}). Se descubren en ellas, con cierto dramatismo y sensibilidad, los pensamientos más íntimos que lo animaban mientras creaba el psicoanálisis. En un camino que va de la oposición del ambiente médico de la época al posterior reconocimiento internacional.

Como ya fue mencionado Fliess, médico otorrinolaringólogo en Berlín, viaja a Viena en 1887 y por sugerencia de Breuer asiste a las lecciones de Freud, médico neurólogo de 31 años por aquel entonces.

En lo que concierne a las esquelas hablan de temas tan variados que van desde su vida cotidiana, hasta lo que están teorizando.

Como quedó muy bien desarrollado, en lo expuesto por nuestra compañera Verónica, es el mismo Freud el que trata de interceptar, y destruir la correspondencia cuando se entera de la posibilidad de que ésta salga a la luz. Y gracias a su subsistencia es a quien debemos, tan grata lectura que nos acerca y reúne ilusoriamente haciéndonos testigos de ese vínculo estrecho.

Quien lee sus cartas con Fliess, encontrará un Freud disímil al que generalmente solemos imaginar en la originalidad y perspicacia de lo que acostumbramos leer.

La particularidad de las correspondencias es que tienen la capacidad de mostrarnos la dimensión privada de Freud, fiel a los vínculos afectivos en la amistad, valiente en la autocrítica, adversario de toda dictadura moral o material, tenaz frente a los ataques y a los sufrimientos de los últimos años. Pero también, acongojado, angustiado, con síntomas corporales, con ataques de migraña, a veces, inhibido, obsesivo, apesadumbrado. Con problemas económicos, insatisfecho con su profesión médica, enojado. Por sobre todas las cosas muy solo. En las cartas a Fliess se revela y delinea un Sigmund Freud más humano del que estamos habituados a figurar.

Es en esta soledad que comienza a hablar con Fliess, eran dos médicos especialistas que se enviaban pacientes uno a otro, intercambiaban ideas, y compartían intereses científicos.

Luego, comenzaron a celebrar encuentros, “congresos”. Ambos médicos versados, jóvenes, dedicados a la investigación científica, hijos de comerciantes de clase media judía, empeñados en fundar una familia y una praxis.

Freud era dos años mayor que Fliess, Se había casado en 1886, el año anterior a su encuentro.

Durante los años que desfilan en las cartas vemos a la familia de Freud crecer de un hijo a seis, nos enteramos de la mudanza a la vivienda de la calle Berggasse 19 (antes vivían en María Theresienstrasse 8) 

Fliess se casa con Ida Bondy de Viena, y tiene tres hijos.

El interés por la ciencia natural se afirma sobre una sólida cultura humanista, comparten la admiración por las obras maestras de la cultura universal e intercambian mottos (lemas) como epígrafes de sus argumentaciones.

El ambiente que rodeaba a los dos hombres era muy diferente, una Viena cansina y limitada de Francisco José y la Berlín vivaz y ascendente de Guillermo II (en donde se encontraba Fliess)

Con respecto a lo económico también surgen diferencias. Las oscilaciones económicas de Viena repercutían en la praxis de Freud, eso sumado a las vacilaciones de su prestigio entre sus colegas médicos y entre el público.

Carta 96 Viena, 4/5/96

“…Más ingrato me resulta que el consultorio este año por primera vez, esté vacío, que durante semanas no vea un rostro nuevo, no pueda iniciar una nueva cura, y que de las antiguas aún no haya acabado ninguna. Las cosas son tan difíciles y laboriosas…”.[6]

Carta 155 Viena, 22/1/98

…” ¡No hace mucho tiempo tuve en tres sesiones de consulta un total de dos pacientes! Es en general un año horrorosamente malo”…[7]

De quejas parecidas de Fliess, no dejan traslucir nada las cartas de Freud. Todo sugiere que la actividad médica de éste se hubiera desarrollado con facilidad y rapidez.

Ahora bien, es así como las epístolas van mostrando poquito a poco todo lo que Freud, tenía para dar, en ese saber (no sabido) que él mismo va elaborando.

En cada esquela, se ve cómo lucha por expresar, por poner en palabras, sus teorizaciones, aun no disponiendo del lenguaje adecuado todavía en algunas ocasiones. Las consecuencias que el psicoanálisis ha tenido han sido incalculables. Nacido como una conjetura de determinadas enfermedades mentales, llegó a convertirse en una teoría del aparato psíquico radicalmente nueva y trascendental. Todas las disciplinas intelectuales relacionadas con la naturaleza y el destino de la humanidad han sido afectadas por el peso de esta proposición. Sus conceptos se han ido irradiando e infiltrando, de manera singular.

Lo fundamental en la historia del psicoanálisis es la explicación de cómo se fue forjando en el propio Freud, pues sus nociones las elaboró podríamos decir “en soledad”, a pesar de sus “colaboradores” los cuales ninguno aportó nada sustancial a la teoría.

La ayuda que le prestaron consistió principalmente en servir de contraste a sus ideas, en constituir una comunidad intelectual en las que éstas pudieran discutirse, comentarse y ser sometidas a la experiencia clínica.

Así, en una de sus cartas puede expresar:

Carta 43 (22.6.94)

 …”Hoy me he retraído de la escasa praxis para pensar, pero en lugar de ello te escribiré una carta bien larga sobre “teoría y vida”.”…”hasta hoy no he avanzado y tengo que esperar a que se me abra una luz nueva desde alguna parte…”.

“En el trabajo con Breuer se incluyen cinco historiales clínicos, un ensayo de él, del que me excluyó por completo, acerca de las teorías de la histeria, y otro de mi pluma, todavía no comenzado, sobre terapia”. “Hoy te envío el último historial clínico[8], por su estilo notarás que estaba enfermo”.[9]

También nos enteramos a medida que vamos leyendo y a través de sus comunicaciones, que su relación con Breuer era un tanto conflictiva:

Carta 32 (18. X. 93).

…”Hoy ya sufro bastante fatiga para escribir tuve una diferencia considerable con Breuer que dio ocasión a demasiadas cartas”.[10]

Esas cartas tratan de la deuda de Freud con Breuer. Freud insiste en devolver el dinero mientras que Breuer generosamente le asegura que no tiene urgencia alguna. Siendo este para Freud, un tema muy espinoso.[11]

En otra oportunidad tomaba en gran estima su palabra: por ejemplo cuando lo consultaba como médico en cuanto sus malestares cardíacos y su opinión concordante de no creer como Fliess, de que se trataba de una intoxicación nicotiana.

A veces, se refiere a Breuer de manera displicente. Habla de él con Fliess, como de alguien malhumorado y quejoso.

En la carta 103 del 12-08-96, Freud dice: “…Quiero andar errando y comer contigo como en tiempos juveniles (Hirschbühel-Salzburgo); ¿recuerdas? que se consiguió revivir también en Dresde. (Tu querida Ida debe pasar por alto rápidamente este pasaje para que las semillas breuerianas no maduren en ella.[12]

“Breuer, al que llaman el bueno, no puede dejar de aprovechar la oportunidad de empañar el más inocente contento”….Carta 120 (8.2.97).   

“Mi enfado con Breuer no cesa de recibir nuevo alimento”. Carta 155 (Viena, 22. 98)[13]

Estas idas y vueltas con su colega, nos tienden un manto de opacidad en esa relación pero que las cartas dejan traslucir, como un blanco entre la niebla.

Abiertamente y sin rodeos, Freud aspiraba a ser un genio, después de haber soñado, en época más temprana, en convertirse en héroe. (Como Aníbal).

Era el mayor de seis hijos vivos (entre su único hermano y él había 10 años de diferencia y cinco hermanas y la familia depositó en él todas las esperanzas.

La obligación de triunfar que le habían impuesto su familia y su cultura, venía reforzada por el modelo de ética propuesto por una educación tradicional. Debemos tener presente lo que para los muchachos y la mentalidad europea significaban entonces las vidas de Plutarco, sobre los griegos y romanos notables. Aunque Freud, como Judío, se identificó muy tempranamente con Aníbal el gran enemigo semita del estado Romano. Es bien sabido que Roma cautivaba su imaginación. Sus fantasías de fama militar quedaron sustituidas por la aspiración a convertirse en un héroe cultural, cuando imaginaba que algún día su retrato tendría un lugar de honor en el aula de la Universidad, la inscripción que consideraba apropiada era el verso de Edipo Rey: “A quién resolvió el enigma de la esfinge, y fue el hombre más poderoso”.[14]

Fue uno de esos niños a quienes desconocidos auguraban grandezas, basando la predicción en su apariencia. Él mismo se refería al inapreciable don que le supuso la veneración de su madre. “El hombre que haya sido el indiscutible preferido de su madre, mantiene ante la vida la actitud de un conquistador, aquella confianza con el triunfo que lleva con frecuencia al triunfo real”.[15]

Como se ve en sus Cartas a Fliess, tamaña hazaña no fue ni sencilla ni sin sufrimientos.

Freud padecía de migrañas y distintas afecciones: malestares cardíacos que lo llevaban a la prohibición de fumar, que a su vez lo hacía penar aún más la abstinencia.

Entre los síntomas que podemos mencionar: arritmia, delirium cordis con sensación de opresión, dolor en brazo izquierdo, disnea, punzadas, sensibilidad toráxica, ardor, etc.

En una carta llega a expresar:

Carta 43 (22.6.94).

…”Mi opinión de compromiso, para la cual no tengo ningún fundamento científico, es que padeceré todavía 4-5-8 años de malestares variables, con épocas buenas y malas, y que después, entre los 40 y los 50, tendré una buena muerte súbita a causa de un colapso cardíaco; no está tan mal si no se produce demasiado cerca de los 40”.[16]

Pese a estos consternados presagios, sus sueños de triunfo se hicieron realidad, bastante tardíamente y sus plenas facultades no se manifestaron hasta que fue un hombre de mediana edad. Algo poco usual en la biografía de un genio. 

Carta 96 (Viena, mayo 96).

…”Aislado estoy…todo se desvanece a mi alrededor. Hasta ahora lo soporto con ecuanimidad.”…” Las cosas son tan difíciles y laboriosas que en definitiva requieren una fuerte constitución”.[17]                                      

A pesar de lo intelectualmente brillantes que puedan parecer ahora sus avanzadas ideas, no parecían brillantes tal como él las concebía, la sensación que causaba era más bien de paciencia, de obstinación, de abstenerse a los hechos, El orgullo era una cualidad temperamental sobresaliente en Freud. Sus descubrimientos los alcanzó gracias a un plan que progresaba con discreción y valentía.  

Su conferencia sobre etiología de la histeria en la asociación psiquiátrica fue recibida con frialdad obteniendo de Krafft-Ebing el juicio de que lo que él sostenía era un cuento científico.[18]

Según nos dice Jones, es conocido el propio discernimiento de Freud acerca de sus dotes intelectuales.

Imposible evitar una sonrisa ante la creencia de la insuficiente “capacidad intelectual”.[19]

En el año 96 muere el padre de Freud, hecho que lo conmueve y lo deja según su propia expresión con “Un sentimiento de hondo desarraigo”.[20]

Es a partir de aquí que se abocará a la interpretación de los sueños y el descubrimiento de su enigma, camino que lo llevará a distanciarse de Fliess.

Es así que escribe en la carta 132 (Viena, 7.7.97).

…”Lo que ha sucedido en mí todavía no lo sé; algo desde las más hondas profundidades de mi propia neurosis se ha opuesto a un progreso en la inteligencia de las neurosis, y tú estabas envuelto en ello de algún modo”….”Se trata de sentimientos de naturaleza en extremo oscura”….[21]

….”El principal paciente que me ocupa soy yo mismo”…”El análisis es más difícil que cualquier otro”…”No obstante, creo que es preciso pasar por él y que constituye una necesaria pieza intermedia en mis trabajos”. Carta 136 (Aussee, 14. 8. 97).[22]

…“Un único pensamiento de valor universal me ha sido dado. También en mí he hallado el enamoramiento de la madre y los celos hacia el padre y ahora lo considero un suceso universal de la niñez temprana”…”Si esto es así, se comprende el poder cautivador de Edipo Rey”… Carta 142 (15.X.97).[23]

“Sólo puedo analizarme a mí mismo con los conocimientos adquiridos objetivamente (como a un extraño), un autoanálisis genuino es imposible, de lo contrario no habría enfermedad”. Carta 146 Viena, (14. XI. 97).[24]

La relación epistolar entre Freud y Fliess se mantuvo por 17 años.

La desazón de Freud tras el fracaso inicial de La interpretación de los sueños, aumentada por la carga de sus preocupaciones financieras, fue según Ernst Kris la última de la que tenemos noticia en la vida de Freud. Por estos años tenía deudas que saldar, además de seis hijos que criar y la falta de otros recursos.

Luego, el viaje a Roma, la decisión de procurarse el título de profesor y con él, una existencia material asegurada, se siguen con rapidez. Pronto aparecerán los primeros discípulos y el psicoanálisis crecerá hasta constituir el movimiento psicoanalítico.

En su escrito Sobre la psicología del colegial (1914)[25] Freud nos dice: …”Los años vividos entre los diez y los dieciocho se empinaron desde los rincones de la memoria con sus presentimientos y errores, sus transformaciones dolorosas y éxitos entusiasmantes, las primeras miradas a un mundo sepultado de la cultura, que, por lo menos a mí, me serviría más tarde de inigualado consuelo en la lucha por la vida; los primeros contactos con la ciencias, entre las que uno pensaba poder elegir aquella a la que prestaría sus servicios- sin duda alguna inapreciables-. Y creí acordarme de que toda esa época estuvo recorrida por un presentimiento que al comienzo se anunciaba sólo quedamente, hasta que pudo vestirse con palabras”…”en mi vida yo quería hacer alguna contribución a nuestro humano saber”.

Y continúa, “Luego me hice médico, pero en verdad más bien psicólogo, y pude crear una nueva disciplina psicológica, el llamado “psicoanálisis”, que hoy atarea a médicos e investigadores de países cercanos y de países lejanos donde se habla otras lenguas, provocando alabanzas y censuras –aunque desde luego apenas se habla de él en la propia patria-.

Retomando lo enunciado en su presentación autobiográfica (1925), Freud dirá: “Como psicoanalista debemos interesarnos más por los procesos afectivos que por los intelectuales, más por la vida anímica inconsciente que por la consciente.

En la Carta 92 del (29.3.96). Dirá: “Me he hecho terapeuta sin quererlo”.[26]

En la carta 235 (1.2.1900) llegará a decir:

“Yo no soy ni un hombre de ciencia, ni un observador, ni un experimentador, ni un pensador. Soy nada más que un temperamento de conquistador, un aventurero, si lo quieres traducido, con la curiosidad, la osadía y la tenacidad de un tal”.[27]                                                                              

Bibliografía.            

Sigmund Freud, Cartas a Wilhelm Fliess (1887-1904) Amorrortu Editores.

Jones Ernest, vida y obra de Sigmund Freud. Tomo I.

Un recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci. Freud Sigmund, Obras completas. Tomo XI. Amorrortu editores.  

Sobre la psicología del colegial. Freud Sigmund, Obras completas. Tomo XIII. Amorrortu Editores.    Presentación autobiográfica (1925-1924) Freud Sigmund, Obras completas. Tomo XX. Amorrortu Editores.                                                                   


[1] Del poema de Schiller, “Das Mädchen Von Orleans”, incorporado como nuevo prólogo a la edición de 1801 de su obra Die Jungfrau Von Orleans {La doncella de Orleans}. Freud Sigmund, en Un recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci. Amorrortu, editores. Tomo XI.

[2] Jones Ernest, vida y obra de Sigmund Freud Tomo I.

[3] Jones Ernest, vida y obra de Sigmund Freud Tomo I.

[4] Freud Sigmund, Obras completas. Amorrortu, editores. Tomo XI.” Un recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci”.

[5] Presentación autobiográfica (1925-1924) Sigmund Freud. Obras completas. Tomo XX. Amorrortu editores.

[6] Sigmund Freud, Cartas a Wilhelm Fliess (1887-1904) Amorrortu Editores.

[7] Sigmund Freud, Cartas a Wilhelm Fliess (1887-1904) Amorrortu Editores.

[8] Se refiere al de la señorita Elisabeth Von R. Escribe que el trabajo con esta paciente ha sido uno de los más difíciles de su vida. Lo que expresa en las dificultades que encontró para informar acerca de él.

[9] Sigmund Freud, Cartas a Wilhelm Fliess (1887-1904) Amorrortu Editores.

[10] Sigmund Freud, Cartas a Wilhelm Fliess (1887-1904) Amorrortu Editores.

[11] Sigmund Freud, Cartas a Wilhelm Fliess (1887-1904).

[12] Breuer parece haber alertado a Ida Fliess en el sentido de que la relación de su marido con Freud podía ser peligrosa para su matrimonio, y presumiblemente Fliess se lo contó a su amigo.

[13] En alusión a que Breuer no estaba de acuerdo con el tren de vida y el uso del dinero que hacía Freud.

[14] Jones Ernest, vida y obra de Sigmund Freud Tomo I.

[15] Jones Ernest, vida y obra de Sigmund Freud Tomo I.

[16] Sigmund Freud, Cartas a Wilhelm Fliess (1887-1904) Amorrortu Editores.

[17] Sigmund Freud, Cartas a Wilhelm Fliess (1887-1904) Amorrortu Editores.

[18] Conferencia del 21 de abril ante la asociación de Psiquiatría y Neurología. Caracteriza Freud su descubrimiento del significado etiológico de las vivencias sexuales infantiles para la génesis de la histeria como “descubrimiento de un caput Nilo, de una fuente del Nilo, o sea la solución de un antiquísimo enigma. Freud nunca más concurrió a una reunión de la asociación de Psiquiatría y Neurología.

[19] Jones Ernest, vida y obra de Sigmund Freud Tomo I.

[20] Sigmund Freud, Cartas a Wilhelm Fliess (1887-1904) Amorrortu, editores. Carta 109

[21] Sigmund Freud, Cartas a Wilhelm Fliess (1887-1904) Amorrortu Editores.

[22] Sigmund Freud, Cartas a Wilhelm Fliess (1887-1904) Amorrortu Editores.

[23] Sigmund Freud, Cartas a Wilhelm Fliess (1887-1904) Amorrortu Editores.

[24]Sigmund Freud, Cartas a Wilhelm Fliess (1887-1904) Amorrortu, editores.

[25]Sobre la psicología del collegial. Sigmund Freud, Obras completas. Tomo XIII Amorrortu Editores.

[26] Sigmund Freud, Cartas a Wilhelm Fliess (1887-1904) Amorrortu Editores.

[27] Sigmund Freud. Cartas a Wilhelm Fliess (1887-1904) Amorrortu Editores.

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