Tras las inusitadas huellas del psicoanálisis (Autor: Alan Andersen)

Estado de trabajo del grupo de lectura e investigación “Correspondencia freudiana. Inicio 10 de Abril de 2015)

“Allí estaba muy clara la huella de un pie,

con sus dedos, su talón y todas sus partes.

No sabía, ni podía imaginar, cómo había llegado hasta allí.”

Robinson Crusoe

A medida que avanzamos en la lectura de sus primeras cartas nos encontramos con una recomendación para ir a leer, “Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico”[1],  allí hay un fuerte esfuerzo de Freud por dejar en claro que él es el único creador del psicoanálisis. Por otro lado,  parece que este texto fue escrito también  para dejar en claro que las teorías de Adler y Jung eran incompatibles con las hipótesis fundamentales que Freud planteaba para que un psicoanálisis merezca ese nombre y no otro. Por supuesto no ahondaremos en estos desarrollos, no por menos importantes, sino porque hemos puesto la oreja en otras partes del texto. 

Es harto sabido por nosotros  que en los inicios Freud estudia medicina a disgusto y se inclina por la investigación de las enfermedades nerviosas, confiando al principio en una terapia fisicista tan rica en consejos y orientaciones como la electroterapia. Sobre esta ultima, Freud dice haber quedado más desorientado de lo que ya estaba. Luego se lleva adelante el recorrido que ya todos conocen respecto de la sugestión con Berheim, más tarde su recorrido con Charcot y por último con Breuer. 

Con el transcurrir del intercambio epistolar, pudimos ubicar que en los inicios de su práctica Freud se sentía muy solo, no tenía muchos pacientes y tampoco contaba con el apoyo y reconocimiento del sector dominante del campo científico.  ¿Será, porque como dijo alguien a quien tengo en alta estima, “el psicoanálisis es un hijo bastardo” que siempre ha estado en disputa con la ciencia? 

A pesar de esto, para él  era muy importante transmitir quién había sido su descubridor y el costo que pagó por criar a este hijo bastardo. Escribe entonces “En efecto el psicoanálisis es creación mía, yo fui durante diez años el único que se ocupó de él, y todo el disgusto que el nuevo fenómeno provocó en los contemporáneos se descargó sobre mi cabeza en forma de crítica”.[2] 

Si hacemos foco en el disgusto que este descubrimiento provoco en sus contemporaneos, no podemos dejar de mencionar lo que Freud relata respecto al  vacío y el silencio que sufrió luego de exponer, en una conferencia de Viena presidida por Krafft-Ebing, sobre la importancia que tenia el papel de la sexualidad en la formación de síntomas neuróticos.

No será este el unico postulado que le traerá conflictos y rechazos en el ambito cientifico, sino que ademas, Freud se va a servir de otro concepto para reforzar su postulado, como el de la trasnferencia. Estableciendo que esta ultima tiene un tenor crudamente sexual y afirma: “El hecho de la transferencia de tenor crudamente sexual, tierna u hostil, que se instala en todo tratamiento de una neurosis por más que ninguna de las dos partes lo desee o lo provoque, me ha parecido siempre la prueba más inconmovible de que las fuerzas impulsoras de la neurosis tienen su origen en la vida sexual”[3]. Confesando luego, que por más de que se lo hizo responsable de esta idea, en realidad esta le había sido transmitida por tres personas: Charcot, Breuer y Chobakk (ginecólogo de Viena) en la época de su formación, y de una manera casual, en charlas de pasillo.

Los tres le habían transmitido una intelección que ni ellos mismos poseían, a saber,  tres comunicaciones idénticas que recibió sin comprender y que quedaron dormidas durante años hasta que un día despertaron como un conocimiento en apariencia original.

No los vamos a dejar con la intriga sobre estos comentarios. Lo que estas personas habían dicho por esos pasillos fue lo siguiente: uno de ellos dijo “son siempre secretos de alcoba”, el otro “es siempre, siempre la cosa genital “ y por último (la atribución temporal es mía) Freud escucha, del ginecólogo, un chiste en relación a la impotencia y para la cual quería hacer una receta “Penis Normalis, dosim, repetatur” (Un pene “normal”, dosis, repetir). Vale aclarar, sobre todo para el público más actual, que Freud ante este dicho expresó “Yo nunca había oído hablar de semejante receta, y a punto estuve de menear mi cabeza frente al cinismo de mi protector”[4]. Sabemos que no es esta sexualidad, solamente, a la que se va a referir Freud en la participación de la formación de los síntomas neuróticos. 

Ahora bien, parece ser que la objetividad y la camaradería de sus colegas no era algo que Freud podía esperar y es en estos tiempos donde él expresa sentirse muy solo, con muchos enemigos y casi sin ideas.  En esta epoca Fliess pasó a ser el unico publico a quien dirigió sus interrogantes, hipotesis, rectificaciones y descubrimientos, entre otras intimidades.

Inmerso en este clima de soledad y hostilidad, Freud relata recibir noticias que lo sorprenden gratamente. Alla, por los comienzos del año 1907, parece ser  que el psicoanálisis había encontrado algunos amigos,  medicos y científicos que estaban dispuestos a utilizarlo y aplicarlo en su practica. Entre quienes se encontraban Jung, Breuler y la escuela de Zurich por nombrar algunos. Lo más importante para resaltar de nuestra parte es que a partir de este año Freud nos cuenta que el psicoanálisis comienza a extenderse por todos los continentes. Realiza menciones de distintos profesionales en el mundo que han estudiado y aplicado su teoría, a saber,  un médico en Australasia, otro en Chile que da una conferencia en Bs. As., un médico inglés que se encuentra en India, luego profesionales en EE.UU. y otros en distintos lugares de Europa. Es llamativo, para nosotros,  que Freud realiza una mención sobre  Francia, aquí  el psicoanálisis tenía una fuerte resistencia y en París sobre todo por los trabajos de Janet. Con el diario del lunes, quién lo diría. ¿Tal vez cuanto más resistencia hay, por algo es. No?.

Decidimos reparar en algunos comentarios que nos llamaron la atención y nos llevaron realizar algunas investigaciones. Comenzamos por indagar sobre quién era ese médico chileno y  lo que había dicho en su conferencia en Bs. As. así como también en qué otros lugares del mundo había tenido repercusión el psicoanálisis.  

Comenzaremos compartiendo lo  que Freud escribió sobre Greve, el médico chileno anteriormente mencionado, en una publicación en Zentralblatt für Psychoanalyse (tomo I, año 1911, p. 594)  cuyo título es “Sobre psicología y psicoterapia de ciertos estados angustiosos”. Parece que este representante de Chile realizó una exposición muy pertinente respecto de la doctrina de la represión y la importancia de la etiología sexual en las neurosis. Incluso Freud destaca su modestia en la reserva que tiene el médico para emitir un juicio definitivo sobre esta doctrina, debido a la falta de práctica en la misma.  Cita Freud en castellano a Greve “y aun cuando nos mostramos reservados para emitir una opinión propia, se nos ha de perdonar, ya que nuestra experiencia personal no alcanza a abarcar toda la latitud de sus doctrinas”[5]

Pero Freud estaba sorprendido con la convicción que encontraba en este médico respecto de la existencia empírica de la sexualidad infantil y por cómo había entendido los beneficios de aplicar un análisis, dónde el foco de comprender las enfermedades neuroticas se revela en el hecho de no buscar el éxito terapéutico en la eliminación de síntomas sino en lograr la capacidad de producir en la vida, es decir, que los enfermos recuperen su capacidad de desenvolverse, aunque los síntomas siguieran persistiendo en menor intensidad. Al respecto Freud cita a Greve “…para traer una notable mejoría del estado general psíquico del paciente, aun cuando puedan seguir persistiendo síntomas que, por su poca acentuación, no aparenten enfermedad y no lo inutilicen para la sociedad.”

Nos cuenta cómo Greve animaba a sus colegas, en dicha conferencia, a prestarle atención a las doctrinas psicoanalíticas que estaba compartiendo ya que las mismas estaban fundadas en una rigurosa investigación y de ellas podrían extraer mucho para el beneficios de los enfermos neuróticos. Cita de Freud sobre Greve “Pero insisto ante vosotros, que de un atento estudio de las teorías de Freud, teorías basadas en la más escrupulosa y paciente observación de hechos que se pueda exigir, podréis cosechar mucho, muchísimo que puede favorecer a vuestros enfermos.[6]

Así es como Freud, que en una época solitaria y hostil, comienza a encontrar colegas que legitiman su práctica e incluso le dan un valor científico a sus teorías y más aún nos encontramos con la sorpresa de cómo su descubrimiento había llegado a tierras tan lejanas y su efecto curativo sea confirmado “Agradecemos al colega en el lejano Chile por la valoración imparcial del psicoanálisis y por la inesperada confirmación de su efecto curativo en países extranjeros[7]”. S. Freud.

Ahora que compartimos la sorpresa de Freud, vamos a compartirles nuestra sorpresa al enterarnos sobre la llegada de las ideas freudianas a Japón. Parece que en Japón las ideas freudianas tuvieron una discusión un poco limitada sobre todo por el impacto de la guerra. 

Nos encontramos con un pionero del psicoanálisis en Japón llamado Heisaku Kosawa a quien se le atribuye el lugar de un maestro ya que es el único de su generación que recibió en Viena una formación psicoanalítica clásica e intento reflexionar sobre la introducción del psicoanálisis en su país. Kosawa se formó como psiquiatra en la universidad de Tohoku, en Sendai, y descubre a Freud gracias a un psiquiatra llamado Kiyoyasu Marui quien se había ido a formar a los EEUU con Adolf Meyer. Es alrededor del año 1932 que se establece en Viena y comienza su análisis con Freud, a quien le regaló una estampa del monte Fuji Yama, luego realizó un segundo análisis, didáctico, con Richard Sterba (psicoanalista discípulo de Freud) y por último un control con Federn. 

Parece ser que la estampa no fue lo único que Heisaku le dio a Freud, antes de volver a su país, este le entregó a Freud  un trabajo escrito en alemán titulado “Dos tipos de sentimientos de culpa”. El artículo explicaba su teoría del complejo de Ajase o Ajax, que contrastaba con el complejo de Edipo de Freud. Este trabajo se convertiría en un clásico de la literatura psicoanalítica japonesa. Sin embargo, parece que al maestro Freud no le interesó esta investigación. Pero a nosotros nos dio, alguna, curiosidad. 

A Kosawa le cautivaba la idea de comparar e investigar las diferencias entre la familia japonesa y la familia occidental, por lo que propuso interpretar los mitos de la Grecia antigua a la luz de las leyendas búdicas. El escrito que le presentó a Freud rezaba en una investigación sobre un príncipe mítico cuya historia provenía de la leyenda búdica del Kanmuryo jukyo. Este mito lo que plantea es que en el antiguo reino de la India, la reina Vaideji esposa del rey Bimbisara, temía perder su belleza y con ella el amor del marido. Consultó a un vidente, quien le predijo que un sabio que vivía en el bosque moriría al cabo de tres años y reencarnaría como hijo suyo. Impaciente y egoísta, Vaideji no esperó a estar embarazada, y mató al vidente. Antes de morir, éste le dijo: «Tu hijo reencarnado matará al padre». Vaideji quedó embarazada en el momento mismo del asesinato. Temiendo la cólera del sabio reencarnado en su hijo, decidió matar al niño dando a luz en la cima de una alta torre. Pero el niño sobrevivió a la caída, aunque rompiéndose un dedo, lo que le valió más tarde el sobrenombre de  príncipe del dedo roto (Áyata Shatru) pero al que llamaremos Ajàs. Después de una infancia feliz, durante la cual idealizó a la madre, Ajás se enteró de la verdad por Devadatta, el enemigo de Buda. Quedó tan agobiado que trató de matar a Vaideji. Entonces experimentó un gran sentimiento de culpa, y cayó sobre él una terrible enfermedad de la piel. La peste se extendió sobre su cuerpo, haciendo imposible toda relación con los otros. A pesar de ese castigo y de los cuidados solícitos de Vaideji, Ajàs no recuperó el equilibrio. Trató entonces de matar al padre pero la madre para apaciguarlo, le sugiere que pida consejo a Buda. Las palabras de Buda lo sumergieron en un prolongado conflicto interior, a cuyo término, después de años de sufrimiento, Ajás quedó en paz consigo mismo. Recuperó la salud y se convirtió en un soberano respetable. Según otras versiones del mito, el príncipe Áyata, convertido en rey, encarceló al padre, y cuando éste murió, oyó su voz en el cielo. Fue entonces a ver a Buda para pedirle ayuda, pues temía ir al infierno y Buda lo recibió con compasión.

Analizando este mito como Freud había analizado el Edipo, Kosawa denominó complejo de Ajás a un complejo de dependencia del hijo respecto de la madre. Encontraba su fundamento en la organización de la familia japonesa, en la cual las relaciones de dependencia, disciplina, sumisión, autosacrificio y simbiosis del niño con la madre prevalecen sobre las ideas de individualidad o libertad. De modo que, según Kosawa, este complejo proviene de un sentimiento de culpa que no tiene por origen el asesinato del padre por los hijos, sino la dependencia culpable y hostil de los hijos respecto de la madre. Pacientes japoneses influidos por la amae (o dependencia), es decir, por una tradición social todavía feudal, lo habían puesto de manifiesto en la cura. El complejo de Ajás no hacía más que demostrar que cada cultura se apropia del mito edípico de los orígenes imprimiendole una modulación particular. Por ello, a través de él, se intentó una implantación  del psicoanálisis fuera de la esfera judeo cristiana, a saber, una especie de Freudismo oriental.

El ascenso del fascismo y el estallido de la Segunda Guerra Mundial obstaculizaron la continuación de los trabajos de Kosawa, quien retomó sus actividades profesionales en 1945, en un Japón trastornado por la derrota y la capitulación del régimen militar. En adelante contribuyó al florecimiento de la psiquiatría y el psicoanálisis que marcó a la sociedad japonesa durante la segunda mitad del siglo e hizo de ella una tierra acogedora para todas las doctrinas provenientes de los Estados Unidos: la Ego Psychology, la Self Psychology, la farmacología, etcétera. En 1953, a la muerte de Marui, Kosawa asumió la dirección del grupo de estudio de Sendai afiliado a la International Psychoanalytical Association (IPA) desde 1933, y creó la Nippon Seishin-Bunseki Kyoukai (Sociedad Psicoanalítica Japonesa), cuyo desarrollo ha sido muy limitado, puesto que en 1997 no reunía más que a una treintena de miembros. Kosawa hizo escuela precisando sus teorías sobre la amae, formó didactas y discípulos de pura obediencia Freudiana, mientras se desempeñaba como didacta, docente y clínico en la Asociación Psicoanalítica Japonesa no afiliada a la IPA, mucho más poderosa en cantidad de adherentes, y abierta a todas las otras corrientes de la psiquiatría.

Hasta aquí hemos realizado un breve recorrido por los distintos lugares donde el psicoanálisis ha desembarcado. Pasamos por Chile, luego nos fuimos a Japón y ahora los vamos a llevar a la India. Otro lugar del cual Freud recibe noticias respecto de la aceptación de su creación. 

La India fue el primer país de Asia, luego le siguió Japón, donde se pudo implementar una práctica institucional del psicoanálisis en un contexto cultural no occidental. La tradición médica india, también conocida como Ayurveda, contemplaba a las enfermedades mentales con un enfoque similar al del corpus hipocrático. Ayurveda, es una palabra del sánscrito compuesta de dos términos: Ayuh, duración de la vida; y, vedá, verdad, conocimiento. De acuerdo con su definición, la medicina ayurvédica observa la salud como algo más que la ausencia de enfermedad. Esto permitía que, a diferencia del occidente cristiano, la medicina tradicional de la India concibiera la locura como una patología y no como una posesión demoníaca. Es en este terreno donde comienzan a convivir el saber psiquiátrico occidental y la medicina tradicional.  En 1920 aproximadamente es que las ideas freudianas desembarcan en estas tierras de la mano de Bose Girindrashekhar y algunos psiquiatras coloniales en las ciudades de Calcuta y Bombay más específicamente. 

Es pertinente resaltar que la implantación del psicoanálisis tomó dos derivas en la India, a saber, una colonial y otra de inspiración India o cultural-folclórico.

En la provincia de Bengala, donde el colonialismo se instaló en 1757, se habían creado la mayor cantidad de instituciones relacionadas con la educación y la medicina, fue allí donde tiempo mas tarde, los primeros psicoanalistas indios comenzaron a atender pacientes. Cabe destacar, que estos, los psicoanalistas y los pacientes, pertenecían a una élite occidentalizada que promulgaba las costumbres y el saber europeo. Posteriormente, a principios del siglo XIX, se introdujo en la India la reforma de las internaciones que se estaba llevando a cabo en toda Europa, lo que conlleva a la creación de hospitales para acoger a los enfermos mentales. Luego estos hospitales pasaron a ser instituciones estatales que eran administradas por médicos militares del ejército britanico. Uno de estos médicos fue O. Berkeley Hill (1879-1944) quien se analizó con E. Jones y a quien le dirigió un escrito titulado “Primer psicoanálisis de un sujeto indio” el cual fue desestimado por Jones considerando que era demasiado rudimentario. Este medico-director, promotor de la corriente occidentalista del psicoanalisis, afirmaba que el sujeto indio se disferenciaba estructuralmente del sujeto occidental por una patologia especificamente anal que, apoyado en la teória de la evolucion de la libido, dejaba al sujeto indio en inferioridad respecto al sujeto occidental debido a su detención en ese estadio. 

Por otro lado, se encontraba G. Bose quien en 1922 funda la Sociedad Psicoanalítica India la cual preside hasta su muerte. Él intentaba elaborar una teoría del psiquismo que contemple las particularidades culturales ligadas al hinduismo. Era un médico que vestía ropa india e intentaba mantenerse a distancia del pensamiento occidental. De este modo en vez de intentar universalizar la teoría sobre el edipo, prefirió centrar su estudio sobre la relación del sujeto con la madre abstrayendo al padre. 

Esta “grieta” establecida en la manera de concebir el psicoanálisis por un lado el pensamiento colonial que sostenía una inferioridad de la cultura india respecto de la inglesa, y por otro lado un pensamiento cultural que intentaba articular la teoría contemplando las tradiciones. Tuvo un impacto en  el desarrollo del psicoanálisis en la India, haciendo que este no prospere llegando a instaurarse por último algunas lecturas de Klein, Bion y Lacan en 1970.

Hemos realizado un breve recorrido por algunas de las distintas tierras donde el psicoanálisis ha desembarcado. Sabemos no son las únicas, al parecer el maestro no estaba tan solo.

Bibliografía consultada:

  • Sigmund Freud; Comentario acerca de G. Greve, «Sobre psicología y psicoterapia de ciertos estados angustiosos»; 1910, en GW, Nachtragsband, Frankfurt am Main, Fischer Taschenbuch, 1999, pp 501-502.
  • Sigmund Freud; «Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico», Trabajos sobre metapsicología, y otras obras; Amorrortu editores, Tomo XIV (1914-1916).
  • Biografía Kosawa Heisaku (1897-1968); (Anónimo, 2016)
  • Freud, Sigmund (2008). Cartas a Wilhelm Fliess (1887-1904). Nueva edición completa. Buenos Aires & Madrid: Amorrortu Editores.

[1] Sigmund Freud; «Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico», Trabajos sobre metapsicología, y otras obras; Amorrortu editores, Tomo XIV (1914-1916).

[2] Sigmund Freud; «Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico», Trabajos sobre metapsicología, y otras obras; Amorrortu editores, Tomo XIV (1914-1916), p.7.

[3] Sigmund Freud; «Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico», Trabajos sobre metapsicología, y otras obras; Amorrortu editores, Tomo XIV (1914-1916), p.12.

[4] Sigmund Freud; «Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico», Trabajos sobre metapsicología, y otras obras; Amorrortu editores, Tomo XIV (1914-1916), p.14.

[5] Sigmund Freud; Comentario acerca de G. Greve, «Sobre psicología y psicoterapia de ciertos estados angustiosos»; 1910, en GW, Nachtragsband, Frankfurt am Main, Fischer Taschenbuch, 1999, pp 501-502.

[6] Ídem.

[7] Ídem.

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