Algunas nociones acerca del lenguaje y del significante (Autor: Stella Cinzone)

Ciclo de clases dictadas por Stella Cinzone sobre el concepto de inconciente freudiano

Clase 1

El propósito de esta clase es introducir a ustedes a lo que podríamos denominar “algunos conceptos acerca del lenguaje” y, en esta perspectiva, darles algunos elementos para ayudar a la comprensión de la noción de significante.

Vamos a ver por qué es necesario que ustedes tengan esos elementos conceptuales. En principio, partiremos de la afirmación que hemos trabajado: el inconsciente freudiano no es la negación de la consciencia, no es algo a lo cual le faltaría el atributo de la conciencia, no es lo no consciente. Que hubiera procesos en el ser humano desconocidos por la conciencia era algo concebible desde mucho tiempo antes de Freud.

Se pensaba, por ejemplo, que eran inconscientes, en ese sentido, procesos como el hábito, algunos procesos de la memoria, el instinto, o por ejemplo ciertos conceptos metafísicos como el alma o el espíritu pueden ser considerados inconscientes. Así que si se entiende el inconsciente en ese sentido, no es necesaria la teoría freudiana para afirmarlo.

No es ese el concepto que han ido viendo en los textos de Freud, en el texto de olvido de nombres, por ejemplo, cuando leímos el ejemplo de Signorelli. Allí Freud dice que el desplazamiento que ha llevado del término reprimido a los términos sustitutivos, y que se puede recorrer a la inversa, por la asociación libre, este desplazamiento dice Freud, no es azaroso ni caprichoso, sino que sigue una trayectoria determinada y perfectamente calculable. Un cálculo en funcionamiento es el inconsciente tal como lo concibe Freud.

Si ese desplazamiento no es resultado del mero azar es porque el inconsciente está estructurado y funciona de acuerdo a determinadas leyes. Está estructurado como un lenguaje. La frase es de Lacan pero el concepto es freudiano. El inconsciente está estructurado como un lenguaje, es decir como una cadena de significantes que funciona en otro lugar, en “otra escena” que interfiere el discurso efectivo de los pensamientos concientes.

Interfiere. Lo vieron en el caso del olvido, del lapsus o del acto fallido, en el chiste, en el síntoma.

Por otro lado, el psicoanálisis parte de un dato que podríamos considerar irreductible, y es que el hombre habla. Y esto de que el hombre habla es el rasgo que diferencia a la especie humana y por ello la identifica. ¿Cuál es el rasgo que sin duda diferencia a los mamíferos del resto de los animales? El rasgo que sin duda los diferencia de los otros vertebrados es la presencia de mamas.

Es el rasgo que los diferencia del resto y porque los diferencia los identifica, de modo tal que podemos definir a los mamíferos diciendo “es imposible que no haya mamas”. Este rasgo tiene que estar presente para que se trate de un mamífero. Del mismo modo el rasgo que diferencia e identifica a la especia humana es el hecho de que habla. Ser humano es igual a que sea imposible que no haya hablar.

Pero lo que dice el psicoanálisis no es solamente que el ser humano habla, sino que habla para no decir lo que piensa, no habla para decir sus pensamientos. Por el contrario, lo que descubre Freud es que habla y dice lo que no quiere decir, habla a pesar de sus intenciones. Por eso Freud, en el capítulo II, de la “Interpretación de los Sueños”, dice que el método del psicoanálisis es la asociación libre, y se encarga muy bien de diferenciarla del pensamiento y de la reflexión.

El sujeto que el psicoanálisis define y conceptualiza no es el sujeto que piensa al modo cartesiano, no es el sujeto de la Razón de la ilustración. Es el sujeto al que un análisis compromete a decir estupideces. Es aquel al que un análisis compromete para que diga todas las tonterías que se le ocurren.

Pero si Freud pone tanto énfasis en esto y dice que hay que confiar en las estupideces, es porque considera:

1.- Que en estas estupideces y estos sin sentidos, allí está en acto, en ejercicio este concepto de inconsciente; y

2.- El sujeto que conviene a este discurso del sin sentido, de la asociación libre es un sujeto “al que llamamos impropiamente del inconsciente”. En otras clases veremos por qué decimos “impropiamente”. Ahora tenemos que ir poniendo algunas primeras piezas. En principio, diremos que no es un sujeto que diga lo que quiere decir.

Lo ven ahí a Freud tratando de decir Signorelli, y diciendo en cambio otros dos nombres que no tienen nada que ver con sus intenciones. Este rasgo, entonces, que nos identifica tiene para el Psicoanálisis una particularidad. ¿Cuál es la relación de este sujeto del inconsciente con el hecho de hablar? Que es hablado. Y que es hablado quiere decir esto: que algo habla a pesar y sin tener ninguna consideración por las intenciones del hablante, de lo que el pensamiento consciente quiere decir.

 El sujeto que el psicoanálisis delimita es un sujeto producido, efectuado por un discurso que trabaja. Esto es el Inconsciente: una lengua que trabaja. Podemos también definirlo de este modo: el Inconsciente es el trabajo de un saber que no se sabe.

El inconsciente no es lo no consciente. Para el psicoanálisis el inconsciente es un trabajo, una lengua que trabaja. Es un trabajo y como todo trabajo produce: las formaciones del inconsciente: el sueño, el síntoma, el olvido, el lapsus, el acto fallido, son todas producciones del inconsciente.

Es, además un trabajo sin sujeto. Decir que se trata de un trabajo sin sujeto es lo mismo que decir que el humano, en tanto hablante, no es sujeto del pensamiento. Lo que dice Freud, en todo caso, es que hay pensamientos inconscientes que no tienen sujeto. No hay ningún sujeto que sea el soporte del cálculo inconsciente. En Signorelli vimos el inconsciente calculando las trayectorias del desplazamiento, funcionando sin sujeto. El sujeto adviene tarde a un lugar que debe reconocer como propio pero en el que nunca estuvo. ¿Recuerdan? “me veo obligado a admitir…”

Este trabajo, entonces, es trabajo de los significantes que se da según ciertas leyes que son las leyes del lenguaje.

Así definido el inconsciente como una cadena de significantes que trabaja, o bien, “estructurado como un lenguaje”, vemos recortarse como fundamentales estos términos: el lenguaje y el significante.

No es Freud quien introduce estas formulaciones, ya lo dijimos, de hecho la noción de significante fue introducida por la lingüística del siglo XX.

Entonces vamos ahora más directamente a ver estos conceptos. La reflexión sobre el lenguaje es muy antigua, se encuentra en los primeros documentos de que se disponen. Ha sido objeto de reflexión filosófica, lingüística. Nosotros no podemos hacer un desarrollo extenso de todo esto, lo que vamos a hacer es un acercamiento a ciertos núcleos problemáticos que han circunscripto las reflexiones sobre el lenguaje, ya que decimos, siguiendo a Lacan que en esto sigue Freud a la letra, que el inconsciente está estructurado como tal.

Función referencial del lenguaje

Uno de ellos, uno de estos núcleos conceptuales y problemáticos, que ha ocupado la reflexión sobre el lenguaje, es tratar de pensar qué relación hay entre el lenguaje y los objetos de la realidad. Una de las cosas que se han postulado es que el lenguaje nombra los objetos, que las palabras refieren a los objetos, por lo que el lenguaje tendría una función referencial, de nominación.

La función referencial implica concebir al lenguaje o la lengua como una nomenclatura, un lista de términos que corresponderían a otros tantos objetos de la realidad. Así la palabra tendría sólo una función de designación. Sólo serviría para designar determinada cosa real. De este modo la palabra sería como una etiqueta pegada sobre el objeto real.

Esta es la concepción de la función referencial del lenguaje, y esto no ha sido discutido hasta el siglo XX. A lo sumo, lo único que se discutía filosóficamente – no tiene más que abrir el “Cratylo” de Platón para encontrar esta discusión -, era si la palabra tenía – con el objeto que nombraba – un nexo convencional, es decir si había habido un acuerdo para denominar de determinada manera a un objeto, o bien si, por el contrario, entre la palabra y el objeto había un nexo natural.

Por ejemplo, dice Platón que la palabra “soma”, que quiere decir cuerpo, es la palabra que conviene para designar al cuerpo porque “soma quiere decir guardador”, y si se piensa al cuerpo como cárcel del alma, se ve que le conviene este nombre a esta cosa que es el cuerpo.

Esto era pensar que había una relación de naturalidad entre la palabra y el objeto que se nombraba. O bien, argumenta Platón que hay determinadas letras que son mejor instrumento que otras para apresar la cosa. Por ejemplo, la letra “ro”, sirve para expresar mejor el movimiento porque la lengua se agita fuertemente contra el paladar para pronunciarla. Veamos qué consecuencias tiene pensar el lenguaje como nombrando objetos:

1º.- En primer lugar, es pensar que habría una realidad pre-discursiva, que los objetos de la realidad serían anteriores a cualquier intervención simbólica;

2º.- Por lo que la única función de las palabras sería nombrar esos objetos.

3º.- Los hombres, en posesión del lenguaje, nombrarían  los objetos. Esto hace pensar que alguien alguna vez, por primera vez, – según Platón los legisladores, los sabios – se sentaron a nombrar los objetos.

4º.- Lo que se deduce de esto – y es otra consecuencia: que la única manera de conocer cabalmente el significado de una palabra sería conocer el objeto, si no se tiene experiencia del objeto no se puede conocer el significado de la palabra.

Después vamos a ver qué objeciones se le pueden ir haciendo a esta forma de concebir al lenguaje, por ahora sigamos con estos núcleos problemáticos.

Función expresiva del lenguaje

Otra cuestión fundamental fue considerar la lengua o el lenguaje como expresión del pensamiento, suponer que la frase imita una realidad lógica o psicológica, que representa las ideas.

Así, la organización interna de una frase, la organización de las palabras de una frase, debe ser réplica fiel, calco del orden necesario del pensamiento. Y ¿qué es el pensamiento? Una combinación de juicios lógicos.

Entonces, si el pensamiento es una asociación de juicios lógicos, la frase lingüística debe ser una asociación de proposiciones que refleje fielmente el orden de los juicios.

Y ¿qué es un juicio para la lógica? Predicar algo de un sujeto. Por ejemplo, “la sal es blanca”. Esto es un juicio, se predica algo – la blancura – de un determinado sujeto – la sal. Esto implica determinadas categorías lógicas, por ejemplo, la categoría de sustancia, que en este caso sería la sal, la de cualidad, que es lo que se predica de la sustancia, y la cópula – el verbo ser . De igual modo la frase tendría categorías lingüísticas correspondientes.

Si a nivel lógico hay sustancia, entonces a nivel lingüístico tendremos sustantivos o nombres. La cualidad que se predica sobre esa sustancia tendría su correspondencia en los adjetivos; a la cópula que implica siempre una afirmación, correspondería el verbo como categoría lingüística  – los verbos son siempre afirmativos: “Los cuerpos caen”, “Pedro corre”, etc.

Las relaciones de las palabras dentro de la frase son también reflejo de las relaciones necesarias entre las ideas: si la frase tiene un verbo es porque el juicio es siempre afirmación. Si el adjetivo se relaciona siempre con un sustantivo es porque la cualidad no puede concebirse sin la sustancia.

Se considera, incluso, que el orden lineal de la frase imita la sucesión natural de las ideas en el espíritu: el sujeto se coloca al principio porque la cosa juzgada tiene que estar antes de afirmar un juicio sobre ella

Pero ocurre que no todas las lenguas tienen la misma disposición de las palabras, por ejemplo, en alemán los verbos preceden al sujeto. Entonces estos teóricos se las arreglaban para encontrar a esto una explicación; estos casos de lengua – como el ejemplo del alemán – no responden a la lógica verdadera. Habría una frase normal subyacente que le da al sujeto la primacía que se merece y sobre esta frase normal subyacente – acorde con la lógica – se harían permutaciones particulares en cada lengua. Esta frase normal subyacente sería una frase “tipo” y reflejaría la forma inmutable del juicio.

Entonces, sólo serían lingüísticamente pertinentes aquellas formas combinatorias en las que se reflejaran regularidades lógicas o psicológicas.

Ante esta postura cabía otra discusión: ¿Puede ser el pensamiento anterior al lenguaje? ¿Se puede concebir un pensamiento pre-discursivo? Esto se ha discutido y argumentado por sí y por no.

Ahora bien, siempre que se postulase el pensamiento como anterior al lenguaje, esto aún implicaba:

1º.- Concebir al lenguaje sólo como expresión de las ideas o pensamientos subyacentes, los cuales a su vez

2º.- No estaban lejos de pensarse como ideas ocultas del alma o el espíritu. Piensen ustedes ¿qué puede ser una sustancia inexpresada, que no es materia lingüística y que busca expresión?

La lengua así  concebida es una especie de microcosmos – en tanto calco del pensamiento – cuyo orden sería una réplica fiel del orden universal.

Sin embargo, en el siglo XVII y XVIII se discutían estas ideas y se pensaba que si bien el lenguaje era expresión del pensamiento, cada lengua tenía una organización propia que no correspondía a ninguna causación lógica o psicológica.

No era necesario que el orden de la lengua fuese una copia de las leyes lógicas sino que era suficiente con que hubiese una regla. Cualquiera que fuese, que fijara cuál debía ser la relación de los términos entre sí.

Es decir que si bien se mantenía la función representativa y expresiva de la lengua, ésta podía entenderse como poseyendo una organización autónoma. – sus propias reglas de constitución y funcionamiento .

Tenemos entonces estos dos núcleos que les planteo como problemáticos y que vamos a ver qué respuesta obtienen y como se desarrollan en las teorizaciones de la lingüística moderna. Estos dos núcleos tienen que ver con las funciones otorgadas al lenguaje:

1.- La función referencial del lenguaje.

2.- Como expresión del pensamiento, el cual podía existir antes de toda intervención de la lengua. Función expresiva del lenguaje.

Por otra parte se pensaba que la lengua no era más que sucesivas transformaciones, los lingüistas veían que las lenguas se transformaban, se modificaban constantemente. Entonces, si se transformaban constantemente no era posible recortar un estado de lengua para estudiarlo. Lo que se hacía era comparar las palabras unas con otras para ver cómo se iban modificando a lo largo del tiempo.

De Saussure: la lengua como sistema

Esto es un pantallazo rápido de las concepciones del lenguaje hasta el siglo XX y decir “hasta comienzos del siglo XX” es lo mismo que decir hasta la teorización que hace del lenguaje Ferdinand de Saussure. Todos los lingüistas acuerdan en concebir a la teorización del lenguaje de De Saussure como una ruptura, un quiebre conceptual con todo lo que se había pensado acerca del lenguaje hasta ese momento. Podríamos dividir  la historia del pensamiento respecto de la lengua en un “antes de Saussure” y un “después de Saussure”.

De Saussure daba sus clases sobre lingüística a principios de siglo en Ginebra. Muere en 1910. Después de su muerte algunos de sus alumnos se encargan de recoger, recopilar y corregir sus apuntes de esas clases a las que publicaron en el “Curso  de lingüística General”.

Es el primer esfuerzo por constituir la lingüística en una ciencia para lo cual necesita, ante todo, delimitar cuál es el objeto de esta ciencia.

En principio se hace una primera pregunta para delimitar este objeto de la lingüística como ciencia: ¿Qué es el lenguaje? Saussure dice que el lenguaje es heteróclito, está constituido por elementos heterogéneos. Está a caballo entre lo físico – el sonido y la transmisión del mismo -, lo fisiológico – compromete los órganos de fonación – y lo psíquico – los conceptos que se transmiten -. Además, pertenece al dominio individual y al dominio social. Esto tan heterogéneo no puede ser el objeto de la lingüística, hay que poder deslindarlo.

Otra pregunta que se hace es la siguiente: ¿El lenguaje es una facultad natural del ser humano? ¿Hablamos porque tenemos órganos de fonación así como caminamos porque tenemos piernas?

Hay un argumento que puede resultar decisivo: está demostrado que hay ciertos monos que tienen un aparato fonador muy similar al humano y que por lo tanto estarían en condiciones de hablar. Podrían modular todos los sonidos necesarios para el habla. Sin embargo no lo hacen. Esto nos advierte que el lenguaje humano nada tiene que ver con su capacidad de fonación.

Para De Saussure lo que es natural en el hombre es la facultad de constituir una lengua, pero esto no tiene nada que ver con la naturaleza.

Adelantemos algunos conceptos. Habíamos dicho que el lenguaje era algo heteróclito y que tenía una parte individual y otra social. Saussure va a diferenciar el habla de la lengua. El habla es el hecho individual, es la serie de combinaciones que el sujeto hablante realiza con miras a la comunicación. Esta combinación la realiza seleccionando ciertos elementos del código de la lengua.

La lengua en cambio, es el hecho social. La lengua como hecho social no está a disposición enteramente de ninguno de los sujetos parlantes, de ninguno de los individuos de una comunidad. Es el elemento común a todos los individuos de una comunidad determinada.

Entre estos dos conceptos hay una relación estrecha: para que una lengua funcione es necesario que se hable, si no es una lengua muerta.

Respuesta a una pregunta:

Que una lengua sea elemento común a todos los individuos de una comunidad es lo que hace de la lengua un hecho social. Al decir que la lengua es un hecho social, digo que no está a disposición enteramente de ningún individuo particular.

Todos comparten la lengua, hablan esa lengua haciendo una selección en un momento determinado. Pero la lengua no es el habla, la lengua no es esto que estoy haciendo yo en este momento, sino que podríamos decir que es eso que establece un lazo social entre todos los individuos de una comunidad. Es un sistema y como tal, está más allá de la voluntad de cada uno.

Nadie puede crear la lengua o modificarla por iniciativa propia. Los hechos de habla, porque son justamente los que se realizan, los que hacen efectivos algunos fragmentos de la lengua, pueden, por el hecho de poner en ejercicio la lengua, modificarla. La lengua se modifica porque los sujetos la hablan, por eso el habla tiene una relación absolutamente solidaria con la lengua.

No podría pensarse la lengua sin el habla, por lo menos cuando pensamos en las lenguas vivas, que se usan. Pero no se confundan, la lengua no se reduce al uso que un sujeto o varios sujetos hacen de ella en determinado momento.

El habla es una sucesión de contingencias, de este modo:

1´ + 1” + 1”’ + …….

No podrían sumarse los actos de habla porque cada uno es individual y momentáneo.

En cambio la lengua nada tiene que ver con esas contingencias, es el modelo colectivo. La lengua, como tal, sólo existe perfectamente en la masa.

Para Saussure es la lengua, esto que hace lazo social en una comunidad, y no la contingencia del habla, el objeto de estudio propio de la lingüística.

Veamos ahora cuál es la definición de lengua que nos da Saussure:

La lengua es un sistema de signos.

¿Qué es un signo?

En principio De Saussure nos dice lo que no es un signo. Un signo no es un nombre que refiera a una cosa, por eso la lengua no es una nomenclatura.

El signo es la unión, la asociación entre un concepto y una imagen acústica. Y él grafíca su estructura de esta manera:

Al concepto lo va a llamar significado y a la imagen acústica significante.

Quedaría así:

Pero además de estos dos elementos, del significado y del significante, esta manera de graficar el signo tiene otros elementos: la barra, la elipse y estas dos flechas de sentido contrario.

El significado es el concepto, el significante es la imagen acústica. La barra que pone en el medio  diferencia ambos registros.

No se confundan, para De Saussure el significado y el significante son diferentes, incluso son opuestos. Pero que sean diferentes y que sean opuestos no quiere decir que estén separados, muy por el contrario, estos elementos constituyen una unidad. Es lo que está representado por la elipse. Hay entre el significado y el significante una relación íntima de reciprocidad que es lo que representan las flechas.

Esto quiere decir que para constituir un signo lingüístico son necesarios estos dos elementos en íntima asociación. El significado no es lingüístico si no está unido a una sucesión fónica. Del mismo modo una determinada sucesión fónica o de sonidos no es lingüística si no tiene sentido, por ejemplo, si yo escribo esto “XNAP”, es una sucesión fónica, pero para la lengua castellana no es un signo porque no tiene ningún significado.

Hay que entenderlo a la manera de ciertas combinaciones químicas, como el agua, que es la combinación de dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno. Pero si tomamos por separado dos moléculas de H o una de O no tendremos agua. Lo mismo para los componentes del signo.

Entonces, lo que constituye un signo lingüístico es esta relación de reciprocidad entre el significante y el significado.

El signo tiene dos características:

1.- Es arbitrario. El lazo que une el significante con el significado no es el resultado de alguna relación natural.

De Saussure dice que, por ejemplo, la palabra “buey” no tiene ninguna relación de naturalidad con la idea de buey, el concepto buey no guarda relación de motivación o de naturaleza con esta sucesión de elementos fónicos. La prueba está en que lo que es buey en castellano, se dice “böeuf” en francés y “oks” en alemán.

La pluralidad de significantes para un mismo concepto, que implica la diferencia de lenguas, es prueba contundente de que no hay ninguna razón para que determinado significante esté en relación con determinado significado. Esto es lo que quiere decir cuando dice que es arbitrario, es el producto de una convención.

2.- La otra característica del signo es que es lineal. Porque podríamos representar la lengua como una sucesión de signos que se da en el tiempo.

Entonces como una sucesión de signos la cadena hablada es lineal.

Sería así:

Los signos se combinan, se asocian formando una cadena.

La lengua para De Saussure es un sistema de signos. Que sea un sistema quiere decir que los elementos de la lengua están en una mutua correspondencia y solidaridad.

Para explicar por qué la lengua es un sistema Saussure la compara con el juego de ajedrez. Es posible hacer un recorte en la lengua, hacer un recorte en un estado determinado de esa lengua y es posible estudiar ese estado determinado como un sistema. Veamos la analogía:

Un estado de lengua corresponde a un estado determinado en el juego de ajedrez, a un momento en el juego, donde el valor de las piezas va a depender de su ubicación en el tablero, pero no sólo de su ubicación sino también de la ubicación del resto de las piezas en el tablero. Por ejemplo, un caballo puede ser una pieza muy valiosa en un momento del juego y en otro puede resultar completamente inútil dado que sus posibilidades de movimiento y estrategia dependerán de la posición del resto de las piezas. De igual modo en la lengua cada término tiene un valor por oposición y relación con los otros términos de la lengua.

Por otra parte el sistema es sólo momentáneo, varía de posición en posición. El movimiento de una sola pieza cambia el equilibrio anterior y modifica todo el sistema: Es imposible para el jugador prever exactamente cuales van a ser los efectos del movimiento efectuado.

Al mismo tiempo, lo que interesa al jugador no es el momento en que la pieza se traslada en el aire de un lugar a otro, sino el nuevo estado que se produce. En ese sentido, para cada estado del juego un jugador que haya asistido a toda la partida no está en ventaja sobre aquel que llegue en el preciso momento.

Así como el juego de ajedrez consiste enteramente en la combinación, relación y oposición de las piezas en el tablero, del mismo modo la lengua tiene el carácter de un sistema basado completamente en la oposición de sus unidades.

Esto nos acerca al otro concepto fundamental de la teoría Saussureana: el concepto de valor lingüístico.

Recurramos nuevamente al ejemplo del ajedrez. Dijimos que una pieza sólo adquiere un valor por su relación con las otras piezas.

Si tomamos un caballo fuera de la situación del juego ¿es por sí mismo una pieza, un elemento del juego? Seguramente no.

Por sí misma esa talla de madera no es más que eso y no será una pieza del juego de ajedrez hasta que no haya tomado su valor de tal: determinada posición en el tablero en presencia de las otras piezas.

Esto quiere decir que la entidad depende del valor.

De hecho, si se nos pierde un caballo podremos reemplazarlo no sólo por otro caballo sino por cualquier cosa que no se le parezca en absoluto con tal que le atribuyamos el mismo valor.

En la lengua ocurre lo mismo, las entidades lingüísticas son enteramente relativas; dependen de sus relaciones y oposiciones con el resto de los elementos del sistema.


Clase 2

Repasemos lo visto ahora.

 Planteamos dos núcleos problemáticos en la reflexión sobre el lenguaje; por un lado esto que habíamos llamado la función referencial del lenguaje: la idea de que el lenguaje tendría como función única nombrar al objeto, sería como una etiqueta pegada sobre lo real. Y la otra concepción pensaba al lenguaje como expresión del pensamiento, lo cual llevaba a afirmar al pensamiento como anterior a cualquier intervención de la lengua es decir, como anterior a su formulación.

Vimos qué respuesta da De Saussure a la primera cuestión y habíamos dicho cómo con el concepto de signo, él descarta totalmente que la lengua sea una nomenclatura, sino que se trata de un concepto en relación con una imagen acústica, de un significado con un significante.

Respecto de la otra cuestión, de si el pensamiento puede ser anterior a la lengua, Saussure dice que no hay pensamiento anterior a la lengua, esto es, que el pensamiento considerado sin intervención de la lengua sería una masa amorfa, una nebulosa, de modo tal que sin ayuda de la lengua no podrían distinguirse claramente, de manera constante, dos ideas distintas. Esto lo plantea para el concepto y también para la imagen acústica, para la sucesión de sonidos.

Tanto el pensamiento como la sucesión de sonidos serían dos nebulosas: en el plano del pensamiento tenemos sólo ideas confusas y los sonidos estarían igualmente indeterminados. La lengua sería la posibilidad de crear divisiones entre esas dos masas indiscriminadas, la lengua funciona como intermediaria al relacionar un concepto con una imagen acústica, y al mismo tiempo discrimina unidades. Estas unidades son los signos, ligaría un concepto a una imagen acústica, un significado a un significante, y por ligarlos podría establecer divisiones, distinciones en esas masas amorfas.

Es decir, que para Saussure no habría materialización del pensamiento ni espiritualización de los sonidos, sino que la lengua sería esto que hace una unidad del pensamiento y del sonido, y crea así una unidad que es el signo.

El sonido es materialidad, pero está unido de un modo absolutamente solidario al concepto. Lo que dice De Saussure es que no habría materialización del concepto, que no sería anterior el concepto y después se materializaría en el sonido, en la palabra, en la sucesión fónica. Al revés, tampoco podría haber una materia lingüística anterior al concepto, sino que estos dos planos por separado serían algo absolutamente indiscriminado y amorfo, y la lengua al juntar de un modo solidario el pensamiento a una imagen acústica, constituye algo discernible.

La lengua, está articulada, es decir, que los términos de la lengua son “artículos”, miembros. La idea de que son miembros nos lleva al concepto de la lengua como sistema. Son miembros en relación con otros miembros.

De este modo, para De Saussure, si bien él plantea el signo como objeto de la lingüística, sería absolutamente artificial considerar el signo como una entidad aislada, es necesario considerarla en relación con los otros términos del sistema. En relación con esto es que introduce el concepto de valor, las entidades lingüísticas son relativas, adquieren su valor por la oposición y la relación con los otros términos. Y este concepto de valor lo plantea tanto para el significado como para el significante, tanto para el concepto como para la imagen acústica. Estos elementos no tienen valor en sí mismos, sino que adquieren un valor porque están en relación con lo que está fuera de ellos, en el sistema de la lengua.

¿Cómo sería esto? En principio, es necesario diferenciar la significación del valor. La significación es lo que tiene que ver con el signo como unidad, lo que se da por la relación entre el significado y el significante, por esta relación se produce la significación, por la ligazón de un concepto cualquiera con la imagen acústica, con el sonido. Por ejemplo, el concepto árbol en relación con la sucesión fónica a-r-b-o-l, esta relación es lo que constituye la significación.

Sólo así una palabra significa. Este es uno de los conceptos. El otro concepto es el de valor, vamos a ver que son distintos. Tomemos el ejemplo que encontramos en el Curso de Lingüística, el concepto recelar. Este concepto adquirirá un valor, es decir, estará determinado solo por oposición a otros, por ejemplo a “tener miedo”, a “desconfiar”, a “temer”, a “aterrorizar”. Estos son otros signos que opuestos a éste delimitan la significación de recelar.

Por supuesto que ese significado está en relación al significante. Sin embargo recuerden que la barra distingue los dos órdenes, se puede distinguir el concepto de la imagen acústica, el significado del significante. Están en relación siempre, para que sea un signo lingüístico deben estar siempre en relación – por eso la elipse -. Pero eso no nos impide tomar los dos órdenes por separado. Entonces, respecto de esta cara del signo, el concepto, dijimos que es necesaria la concurrencia simultánea de otros términos del sistema para poder determinar ese significado.

Quisiera hacer una aclaración al margen que considero necesaria: La significación no es la representación. El concepto o significado es una de las caras del signo, la otra es la sucesión fónica o significante.

De Saussure no habla en ningún momento de representación. No hay representación del significado por el significante, sino relación entre ambos. La significación es la resultante de la unión solidaria de estos dos términos del signo. Esta relación se plantea como indisoluble para que pueda hablarse de signo lingüístico.

Decimos que la significación no es el valor, pero el valor participa en la determinación de la significación. Veamos.

 Hay un ejemplo que puede ser ilustrativo: la palabra cordero en castellano, tiene la misma significación que el francés “mouton” y que el inglés “sheep”. Es un signo. Y quizá, apenas mencionado se nos aparece el simpático y lanudo animalito.  Sin embargo, qué pasa  cuando decimos que llevamos una pata de cordero a la mesa, podemos decir “una pata de cordero”, esto no podría decirlo un hablante de la lengua inglesa, porque para referirse a la comida tiene otra palabra que es “mutton”, a ningún inglés se le ocurriría decir que preparó para la cena una pata de sheep, sino que debe decir una pata de mutton.

Entonces “sheep” tiene la misma significación que “cordero”, pero no tiene el mismo valor, y esto porque la lengua inglesa es un sistema diferente al sistema de la lengua castellana, porque en la lengua inglesa “sheep” tiene al lado, en ese sistema particular de la lengua inglesa, otro término (mutton) que limita, por lo tanto, su sentido.

Entonces el sentido de “sheep” esta limitado por el sentido de este otro signo lingüístico que es “mutton”. Lo que quiere decir De Saussure con esto, al decir que el valor participa de la significación es justamente esto que decíamos al principio, que no hay concepto anterior a la constitución del sistema de la lengua, que los conceptos se establecen por la relación simultánea con los otros términos del sistema.

Es decir, que los significados – pensemos de nuevo en el ejemplo que les di de recelar -, son puras diferencias. En lugar de conceptos dados de antemano lo que tenemos son valores que emanan de la lengua, esto quiere decir que nada vale, en la lengua, nada vale en sí mismo, sino que los términos de la lengua son negativos y diferenciales, se determinan por diferencias.

Lo podemos ver también con relación al significante. Pero con relación al significado, veíamos, que podemos determinar el cabal significado del término “recelar” sólo porque hay otros términos en la lengua que van limitando ese sentido “recelar” no es “temer”, no es “tener miedo”, no es “desconfiar”. El valor se define negativamente. Y eso para cualquier término. Por eso nada vale en sí mismo, sino que vale en tanto relaciones.

O sea que para tener la significación de una palabra tengo que tener todo el sistema de la lengua, como vimos con el ejemplo del ajedrez.

Pensemos en cualquier sistema de valores, por ejemplo el sistema de valores fundamental que es el dinero. Un billete de un peso tiene la misma extensión de papel, las mismas características materiales que uno de diez pero si vale uno es porque hay otro que vale diez, y a la inversa, este de diez vale diez porque hay otro de uno. Esto quiere decir valor, esto es lo que encontramos en la lengua. Y esto es lo que quiere decir Saussure con que no son positivos sino que son negativos, que se delimitan por la diferencia.

Lo mismo respecto del significante. Respecto del significante, una determinada sucesión fónica no vale por el sonido, sino que vale por la diferencia, es decir que de cualquier significante lo que importa es que sea diferente a otros. Lo importante es que la sucesión fónica del significante “vaca” sea esa y no se la confunda con otra. Esto es solidario de la arbitrariedad del significado.

Dado que el lazo entre significante y significado es arbitrario, que no hay ninguna necesidad en ello – sólo una convención. Que por ejemplo al concepto mesa se le otorgue la sucesión “m-e-s-a”.

Como no hay ninguna razón para que esto deba ser así, el valor de cada uno de los términos es ser diferente de los otros. Esto es lo que quiere decir De Saussure cuando dice que en la lengua no hay más que diferencias.

Y esto para decir que no hay ni concepto ni imagen acústica, ni significante ni significado anterior a la lengua. Es este lazo entre ambos lo que constituye la lengua y lo que constituye la significación. Tanto el significante como el significado no tienen valor en sí mismos sino por su oposición con el resto de los significados y de los significantes del sistema de la lengua. Esto lo plantea para el significado y para el significante: que son entidades negativas y puramente diferenciales.

Sin embargo Saussure se ve en la obligación de decir que si bien tanto el significado como el significante son negativos y diferenciales, la unión de ambos en el signo, esto sí tiene un valor positivo. Y esto porque debe delimitar un objeto de manera tal que para Saussure la relación entre un significante y un significado, la relación ya no como estuvimos pensando recién ambos elementos por separado, sino la unión que constituye el signo sí es positiva. Un signo determinado en sí mismo tiene una significación.

Vamos a hacer un pequeño resumen de lo que plantea la lingüística:

  1. Se trata de considerar el papel de la relación de la palabra con el objeto, con el referente.  En principio decíamos que la lengua no es una nomenclatura. Sin embargo, alguien como Bertrand Russel, por ejemplo, dice que es necesaria la experiencia con el objeto para poder determinar el sentido de una palabra. Es decir que para poder entender el sentido, este es el ejemplo que él da y que refuta Jakobson, para poder entender por ejemplo el sentido de la palabra “fromage”, que en francés quiere decir “queso”, no puede entenderse cabalmente el sentido de esta palabra si no tenemos una experiencia del objeto. Jakobson que es un lingüista contemporáneo, contesta a eso diciendo que no es así, que la determinación del sentido de una palabra es solo lingüística, que ninguna experiencia, digamos, con el roquefort, con el mar del plata, con el queso fresco, nos puede dar a nosotros cuál es el sentido de la palabra “fromage”.

No hay significado si no hay signo, y el signo es lingüístico, la prueba es que nosotros no tenemos de determinadas palabras como “néctar”, “hadas”, “dioses”, etcétera, otra experiencia que no sea lingüística. Pero esto no es una excepción, esto es la prueba  de lo que pasa con cualquier palabra. Por ejemplo, “queso” será “alimento producido por la fermentación de la leche”, o diremos: “es el alimento saladito que comemos por la mañana o en la picada” etcétera. Cuando queremos decir el significado de una palabra, proveemos otras palabras.

Es cierto que la lingüística reserva un lugar para el referente, para el objeto real, y nunca lo elimina del todo, pero sí lo elimina de su ciencia, para recortar su campo científico. De Saussure, como vimos, lo deja completamente afuera.  No le interesa porque no forma parte de la lengua.

Jakobson, por ejemplo, dice que si uno intenta dar el sentido o el significado de una palabra señalando un objeto con el dedo, es muy probable que alguien pueda pensar que lo que está señalando con el dedo es la forma de la caja en la que está el alimento o que se trata de una especie particular de queso o incluso que se trata del dedo. Esto en cuanto a la relación del signo con el objeto. Obviamente, esta concepción no toma a la palabra como un calco de lo real.

Cuenta Jakobson que después de la revolución rusa, un grupo de gente quería que se hicieran modificaciones en el lenguaje porque no respetaba los nuevos conceptos de la ciencia. Se pedía que se cambiaran los modos, es decir, por ejemplo, “el sol se levanta” o “el sol se acuesta” porque estos modos implicarían una concepción pre-galileana del universo.

Se puede decir “el sol cae”, sin que creamos que el sol se está cayendo. Esto quiere decir que no es necesario usar otro término acorde con la teoría galileana para hablar de este advenimiento de la noche. Y si no es necesario, esto confirma lo que decíamos, que no hay una relación de naturalidad entre el objeto y la palabra.

2.- Esa entonces, es una primera cuestión de la lingüística. El segundo concepto fundamental de la lingüística es todo lo que desarrollamos la clase pasada, que la lengua es un sistema de signos.

El concepto signo va a ser estructurante de toda la teoría lingüística, para cualquier análisis lingüístico es necesario este dualismo del signo y esta relación solidaria entre ambos elementos. El concepto de signo es lo que estructura el campo de la “ciencia de la lengua”, la lingüística. No hay posibilidad de análisis lingüístico si no se tiene en cuenta ambos aspectos del signo, el significante y el significado, en íntima relación. Hay que considerar siempre las dos caras. Esto lleva a la idea de código, de que existe un código que es convencional pero que ese código contendría los signos, las relaciones solidarias entre significante y significado.

3.- El tercer punto sería esto que decíamos, la lingüística diferencia los dos órdenes, diferencia el significante del significado, pero no puede pensarlos más que en relación, es la cuarta característica:

4.- Que el significante se soporta sólo por su relación al significado. Sólo porque al soldarse a un significado, se produce una significación, y recalco esto porque es lo que va a diferenciar la concepción lingüística de la concepción psicoanalítica.

Lacan es quién se encarga de revisar todo esto y de formularlo. Su concepción de significante tiene como punto de partida la operación de destrucción del signo saussureano, es decir que para el psicoanálisis el significante no va a estar necesariamente formando parte de un signo, no le va a deber su existencia al significado. Ya vamos a ver esto. Considerar el significante como fuera y más allá de su relación con el significado es una operación del psicoanálisis.

Por eso les recuerdo este gráfico:

Las formaciones del inconsciente y los análisis que hace Freud de los actos fallidos, de los olvidos demuestran que las palabras en este trabajo del inconsciente no se segmentan por el sentido. Por ejemplo, en el análisis que vimos de Signorelli, ¿de dónde parte el análisis de Freud?

No parte del signo que podríamos hacer saussureaneamente con Boticelli, o del signo que podríamos hacer saussureaneamente con Boltraffio, sino de esta partícula Bo, que está en una función significante, pero no tiene en sí misma ningún sentido,  no podríamos hacer con Bo un signo al estilo de Saussure. Freud dice, sin embargo, que es posible, es dable que un sentido se produzca, pero este sentido se va a producir sólo por la concatenación de las asociaciones libres.

Pero a este sentido no lo podemos asir, coagular porque cuando nosotros decimos cual es el sentido de Bo, Bo se relaciona con este Bo de Bosnia, y este Bo de Bosnia a través de un desplazamiento se relaciona con este Her de Herzegovina, Herzegovina es el nombre de una ciudad, lingüísticamente se podría decir que es un signo, sin embargo vimos que en la concatenación de significantes Herzegovina no está allí como nombre de ciudad, sino simplemente porque es la portadora de la sucesión fónica Her. Entonces,  si atendemos al desplazamiento que plantea Freud, cuál es el sentido de Bo?

Este Her. Pero este Her, a la vez, tampoco tiene en sí mismo ningún sentido, se sigue deslizando el sentido, por ejemplo, hasta “Herr, señor qué le vamos a hacer…”

Lo mismo con TraffioTrafoi, traffio lo lleva a Freud a pensar en Trafoi, a pensar en el suceso de Trafoi, y esto a la vez a muerte y sexualidad, que es lo que subyace sin decirse en este “Herr, qué le vamos a hacer…”, y en este “Herr, si esto no es posible, la vida ya no tiene sentido”.

Respuesta a una pregunta:

Pero acá se detienen las asociaciones de Freud. Esto podría haber seguido, muerte y sexualidad no es en realidad significado de nada.

Es una relación de significante a significante que va produciendo algún sentido pero que no podemos decir que sea el sentido final. ¿Cuál es el sentido de todo esto? ¿Hay un sentido, un significado?

El sentido se va produciendo por las concatenaciones, por estas relaciones. Pero no es uno, no es una significación. Por eso dice Freud que las asociaciones libres y el modo de articulación del inconsciente podría semejarse a los jeroglíficos. Un jeroglífico está constituido por una serie de figuras, de representaciones; supongamos un jeroglífico entre cuyos dibujos aparezca un pájaro junto con otros signos, ningún experto en lectura de jeroglíficos tomará ese dibujo como la representación de algo que tenga que ver con las aves. El pájaro interviene allí como un rasgo y sólo la relación con los otros producirá algún sentido.

En realidad, el sentido del olvido del nombre Signorelli, o más precisamente, la represión del Signor, no es previo, nada es previo. Ese Signor se recupera retroactivamente, pero ¿podemos decir que estaba antes? La temporalidad del inconsciente, que en clases próximas veremos con el análisis del trauma, demuestra que lo que estaba antes  se constituye después. Por eso el psicoanálisis no es predictivo. No se puede “saber” lo que está reprimido, ni podemos saber qué efectos producirá una represión (si es que pudiéramos conocerla, lo que no es así)

Respuesta a una pregunta:

Claro, por ejemplo, yo no puedo decir: la represión de un deseo incestuoso hacia la madre va a producir tal sueño o tal síntoma. Y tampoco ante un sueño o un síntoma puedo saber a ciencia cierta qué es lo que ha sido reprimido. A Freud le sirve este ejemplo para hacer una diferencia entre lo censurado y lo reprimido, pero ustedes ven que él, después de “muerte y sexualidad” todavía pone “pensamientos reprimidos” para situar que éstos no han sido nombrados. Porque no pueden nombrarse.

 Lo que tenemos para el análisis es Boticelli y Boltraffio; y es la repetición del Bo loque hace ligarlo a Herzegovina y Bosnia, que lo hace ligarlo a Her, y eso lo hace asociar con Signor y con el suceso de Trafoi y la partícula de Traffio.

Pero en realidad no hay ningún sentido de los significantes. Freud dice que el trabajo del inconsciente es este: la asociación libre. El trabajo de análisis y la interpretación que implica la asociación libre es rehacer o desandar el camino que hizo el trabajo del inconsciente. Por eso, cuando en la clase pasada decíamos que el inconsciente era un trabajo, una cadena de significantes trabajando, nos referíamos a esto. Este trabajo de los significantes que aparece en la asociación libre es el trabajo del inconsciente; no hay profundidades ignotas; es esta concatenación en la superficie y esta relación de los significantes.

Podemos decir, entonces, que no hay ningún término en esta cadena que consista en una significación. Porque cuando queremos encontrar el sentido de Bo nos lleva a Herr y Herr a Signor, a muerte y sexualidad a Trafoi, etc.

Por ejemplo, fíjense en Herzegovina. Si lo consideramos como un “nombre de una ciudad” hacemos un signo según Saussure. Tiene una significación. Pero no es en tanto nombre de ciudad que entra en la cadena, no es en tanto Herzegovina que entra en las asociaciones de Freud sino en tanto Her que en sí mismo no tiene ningún sentido. Y este significante Her es el que hace nudo, lazo, relación con otro significante.

Esto – que es absolutamente freudiano – es lo que Lacan formaliza cuando hace esta operación de destruir el signo saussureano. Para De Saussure el signo era esto: (Gráfico1). Lacan va a representar el algoritmo saussureano así: (Gráfico 2).

Desaparece la elipse: que para De Saussure es lo que representa la unión indisoluble entre significante y significado. Desaparecen las flechas, lo que constituye la reciprocidad entre ambos; desaparecen las nociones de concepto e imagen acústica. El gráfico 2  se lee: “significante sobre significado” (o sea el significado corre por debajo del significante). Y acentúa la barra. Esta barra que separa significante de significado en Lacan esta reforzada, con lo cual quiere decir que es resistente a la significación.

Que es resistente a la significación lo vimos en Signorelli, vimos que el significante no tiene como función representar ninguna significación, no tiene que estar en la cadena por su relación a un significado. El significado se desliza por debajo de la barra, se desplaza.

Veamos estos dos gráficos para ver la diferencia de la relación significante/ significado entre De Saussure y Lacan. El primero ya lo conocemos: es el algoritmo de la relación entre el concepto y la imagen acústica. El segundo, el de las dos puertas contrapuestas es el algoritmo lacaniano.

En el algoritmo lacaniano tenemos, como ya vimos en el anterior, una inversión, el significante está arriba y el significado debajo de la barra, para situar lo que dijimos, que el significado corre por debajo del significante. Con este de las dos puertas tenemos, a nivel del signfificado un borramiento: no hay diferencias, son dos puertas exactamente iguales.  En cambio, en el nivel del significante encontramos una yuxtaposición. Sólo por la oposición y la yuxtaposición de estos dos términos, de los dos significantes, es por lo que se puede reproducir algún sentido en el nivel del significado, debajo de la barra. Sólo por el significante concebido como diferencia pura se puede producirse algún sentido. Para Lacan, la estructura del significante es la diferencia. El significante nunca es uno. El significante lacaniano es dos. No tiene nada que ver con la palabra.

De modo tal que esto podría ser escrito así: C /= D.

Esto les hará recordar el concepto de valor que vimos recién: la diferencia es que Saussure plantea el valor para el signo, o sea tanto para el significado y para el significante, pero no puede plantearlos como sueltos, sino que une y encierra y hace del signo la unidad lingüística. Lacan los separa; dirá que no es necesario el signo; no hay significante que refiere a un significado, no hay significación.

No hay relación entre significante y significado, sino separación; o, como dice él, resistencia a la significación. Lacan diferencia entre significación y sentido. Esto es muy importante, de lo contrario no se entiende lo que quiere decir Lacan cuando habla de sentido. La significación es lo que tiene que ver con la relación dentro del signo; el sentido es lo que se desliza en forma incesante por debajo de la barra. Para Lacan habría sucesión de no-sentidos. Podemos filiar su noción de significante con la noción de valor saussureano, llevado a su máxima expresión. Pero desacuerda con la noción de signo y de significación.

Ni en relación al objeto, ni en relación a un significado.

La significación, para Lacan, no se produce por la relación a un significado; por eso diferencia la significación del sentido. Podrá haber efectos de sentido por las relaciones de un significante a otro.

Respuesta a una pregunta:

La significación no se produce por relación a un significado, fíjate en algo elemental, todos conocemos los homónimos, las palabras que siendo iguales, quieren decir cosas distintas.

 La palabra “pluma”, por ejemplo. De modo aislado nada podemos saber del significado de esta palabra; alguien puede pensar en la pluma de un pato, otro puede pensar en la pluma que lleva el indio en la cabeza, otro en la pluma que usa para escribir, alguien puede decir “la pluma genial de Borges”.

 La lingüística resuelve estas cuestiones: las resuelve por el contexto. Dependerá en qué frase, en qué contexto se incluya esta palabra, cuál será su significado. Si digo “la pluma de un pato”, o digo “la pluma de Borges”, la oposición con el resto de los elementos del contexto me circunscribe el significado, hace un signo, elimina la polisemia o la reduce.

Tenemos un signo: “pluma” del que no se puede decir cuál es el significado hasta tanto lo consideremos en un contexto; pero una vez que tengo el contexto, para la lingüística, es posible determinar el significado y hacer de este término un signo. “Pluma” es una palabra polisémica; y como ésta podemos encontrar muchas en el lenguaje. Pero el psicoanálisis no se queda con esto, con decir que el lenguaje es polisémico. Un chiste que da Freud en “El chiste y su relación con el inconsciente”: Se encuentran dos judíos en la puerta de un baño público y uno le pregunta a otro: “¿Qué tal? ¿Has tomado un baño?”. Y el otro, sorprendido, contesta: “¿Por qué? ¿Falta alguno?”.

Esto produce risa, produce hilaridad. Estas son las cosas que le interesan al psicoanálisis. ¿Por qué el desplazamiento de sentido tiene este efecto, la risa? Seguramente produce risa porque hemos sido sorprendidos en nuestro honesto uso del lenguaje, hemos sido sorprendidos en nuestro buen sentido.

El psicoanálisis no se conforma con decir que el lenguaje es polisémico. Lo que dice Lacan es mucho más: que hay sentido, que se produce sentido, pero que no hay una significación determinada que podría conocerse a priori ni determinarse a posteriori contextualmente. Este sentido se produce sólo por el encadenamiento significante; pero el significante no significa nada, no tiene que responder de ningún significado.

El significante, para Lacan, tiene algunas propiedades. En principio, es pura diferencia. Pura diferencia en el sentido de valor puro, el significante está constituido como rasgo diferencial, y esa diferencia no es ninguna diferencia cualitativa, esa diferencia – dice Lacan – es material, es decir, está localizada.

Por ejemplo. Tomemos un rasgo cualquiera, el más simple, éste: “/”, un palote. Este palote, este rasgo, está despojado de todo contenido subjetivo. Por otro lado, si hacemos una serie “//////”, lo que quiere decir Lacan con que la diferencia tiene que ver con la localización es que éstos son diferentes, pero no porque uno sea más corto, más largo, mas grueso, sino porque están en lugares diferentes.

Un niño que cuenta los palotes no se confunde, no cree que sean el mismo, no cree que estos son uno; puede contar seis, puede hacer esa serie porque son diferentes; pero ¿la diferencia, en qué consiste? En que están en lugares diferentes. Por eso dice Lacan que el significante está constituido ante todo como rasgo. Por eso el abordaje no es lingüístico, no necesitamos de la palabra como signo,  podemos reducir el significante a estos palotes, simples, a la más simple estructura, y seguiríamos teniendo significantes, porque se diferencian. Con esto quiero recalcar que la diferencia es material; que no es ninguna diferencia cualitativa.

Si puedo hacer una serie, es porque los significantes se repiten; se repiten sin ser nunca idénticos. Puedo identificar el primero como uno, puedo identificar al segundo como uno, pero la identificación no es la identidad; justamente, los puedo identificar porque son diferentes. La posibilidad del niño de contar es la diferencia.

La sucesión significante en la asociación libre determina lugares diferentes; la estructura simbólica determina lugares diferentes. Lo vieron en el texto de Levi-Strauss. El mito, la estructura simbólica del mito, determina en la estructura, lugares diferentes, que luego serán ocupados por los sujetos. El mito, como estructura simbólica, implica el lugar del hechicero, el lugar del enfermo, el lugar del público.

Volviendo a las características del significante, digo, este rasgo puede repetirse, y la repetición marca lugares diferentes; luego puedo identificarlos, pues son diferentes. Por eso dice Lacan que la estructura última del significante es ser rasgo diferencial.

Por esto dice Lacan que un significante es lo que los otros no son. Esto también lo decía Saussure; pero hay una diferencia, para Saussure un significante era lo que los otros no eran, un significado era lo que los otros no eran, pero al encerrarlos en el signo, el signo sí podía ser él mismo.

Lacan, al decir que el significante es lo que los otros no son, puede decir que el significante “no es él mismo”. Acá donde Saussure puede poner sólo uno, Lacan pone dos. ¿Por qué el significante no puede ser él mismo? Porque el propio ser del significante depende del no-ser del otro. Pero un significante nunca accede al ser porque como la diferencia es radical, el significante no es lo que los otros son,  y es lo que los otros no son; el propio ser depende del no-ser del otro, por lo tanto, no puede ser uno. Y tampoco puede “ser” porque con relación a otro él es otro, lo cual es lo mismo que decir que no “es”.

Entonces, esta es otra propiedad del significante lacaniano; el significante no es uno, el significante es,  en su estructura mínima, dos.

Para Lacan, el significante no puede ser uno, porque si es pura diferencia y su más estricta característica es ser lo que los otros no son, al mismo tiempo no puede ser él uno. Es necesario que haya dos, es decir, oposición, yuxtaposición.

Este es el concepto del significante, por lo cual las tautologías son imposibles. Por ejemplo, “la guerra es la guerra”, o “mi abuelo es mi abuelo”. No sólo porque podíamos decir que la segunda vez que decimos “guerra” tiene un sentido diferente a cuando digo “guerra” por primera vez, sino porque están en dos lugares distintos. Por eso, esta igualdad es imposible.

Cuando dice Lacan que el significante no se significa a sí mismo, quiere decir esto: que el significante no es uno. Para el psicoanálisis, no es posible la identidad, en ese sentido. Lacan llama a esto “el significante no se significa a sí mismo”, su axioma.  Y es punto de partida para pensar cualquier cosa en psicoanálisis.

La matemática plantea la identidad 1=1,  es uno de sus principios fundamentales. Sobre el principio de identidad se basa la lógica. Pero dice Lacan que esto es imposible, por su concepción del significante. El psicoanálisis no es la ciencia.

Que sean dos, quiere decir que hace cadena. Pero esta cadena no es lineal. Para De Saussure la cadena es lineal; tenemos un signo, otro signo, otro signo. Para Lacan, la cadena no es lineal, sino más bien pentagramática.

El gráfico de Signorelli muestra a las claras cuál es la estructura de la cadena. Hay superposición de estratos, de líneas asociativas; no se podría pulsar una de ellas sin que al mismo tiempo resuenen las otras. Entonces, si para Saussure la representación de la cadena era una línea, para Lacan es una red. Esto es lo que nos ofrece la experiencia freudiana.

Otra cosa que podríamos adelantar, con el riesgo de generar en ustedes algunas incomprensiones – lo entenderán alguna vez -. Habíamos dado algunas características de la lingüística. Pensar al signo como la relación entre el significante y el significado, pensar a la lengua como un código, por todo lo que vimos de De Saussure, es obvio que pone al sujeto fuera del sistema de la lengua.

La lingüística se constituye por excluir al sujeto fuera de su campo; el sujeto queda reducido a constituirse en uno de los dos polos del circuito del habla – el emisor o el receptor -. Esto quiere decir que la lingüística, concibe al sujeto como aquél que tiene a su disposición la lengua y usa los signos como instrumentos para, en última instancia, expresar el pensamiento; por más que el pensamiento no sea anterior.

Por eso decimos que para la lingüística, en orden del lenguaje se trata del uso, de la comunicación. Por eso dice Lacan que el signo representa algo para alguien; el signo representa alguna cosa, un significado, un concepto, para alguien, otra persona que recibe el mensaje o lo emite.

Para Lacan, en cambio, se debe distinguir perfectamente esta definición del signo de su definición del significante. Para Lacan, el significante es lo que representa  un sujeto para otro significante. El significante es lo que representa un sujeto – no un significado, no un concepto – para – no para alguien, no para otra persona -, sino para otro significante.

Esta es una fórmula complicada que entenderán cabalmente cuando estudien más pero la traigo para ver dos cosas: una, que el sujeto es interior a la definición del significante lacaniano. La lingüística se constituye excluyendo el sujeto; el sujeto puede hacer uso del lenguaje, y desde ese punto de vista es anterior y exterior a lo que dice.

En cambio, con esta fórmula de Lacan, para el psicoanálisis, el sujeto es interior a la definición del significante. Por otra parte, siempre hay un orden del significante que es anterior al sujeto, siempre hay un orden simbólico que es anterior al sujeto. Esto quiere decir que no hay código para el psicoanálisis, un lugar al que se pueda recurrir para hacer uso el sujeto, sino que más bien hay una determinación del sujeto por esta preexistencia del orden simbólico,  o del significante.

El lenguaje, dice Lacan, es condición del inconsciente, el inconsciente funciona según determinadas leyes; estas leyes son las leyes según las cuales funciona el lenguaje. Es necesario este orden de diferencia, este orden simbólico, es condición del inconsciente.

Este orden preexiste al sujeto, aunque sea bajo la forma del nombre propio; el nombre preexiste al sujeto, es anterior a él y es lo que lo liga a un orden simbólico, al deseo de los padres, por ejemplo – el nombre que los padres desearon para él -, o bien a la estructura social en aquellas culturas en las que un nombre está determinado por sus relaciones de filiación, por ejemplo.

En todo caso, un nombre, el nombre propio nunca es una simple nominación.

Respuesta a una pregunta:

El sujeto forma parte de la definición misma del significante. Es llevar a definición la lógica del inconsciente freudiano. Pensá en el chiste. ¿Qué dijimos? Hay en ese texto una teoría implícita del significante, en Freud, que nada tiene que ver con las concepciones de su época, representada por su observación respecto del múltiple sentido de las palabras, lo cual permite la técnica del chiste. Pero no es eso lo que más le importa a Freud. Lo que a Freud le interesa es poder explicar por qué el chiste hace reír. En la risa está el sujeto.

Entonces, para finalizar. La noción de significante en Lacan no sólo no es lingüística. No corre el más mínimo peligro de ser lingüística. Por estos tres enunciados fundamentales que hemos recorrido.

  • El significante no debe su existencia a ninguna relación con un significado.
  • La barra es resistente a la significación.
  • Sólo la oposición significante puede producir algún sentido, que siempre se desliza
  • El significante no se significa a sí mismo (axioma)
  • El significante es pura diferencia. Es lo que los otros no son.
  • El significante no es “uno”. Sólo hay repetición, y porque hay repetición hay identificación.
  • La identidad es imposible. Hay identificación.
  • Un significante representa un sujeto para otro significante (la única definición que tenemos de significante.

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