Las conferencias en Sendas

Autor: Stella Cinzone.-.

Corría el año 2003 y un grupo de psicoanalistas decidimos fundar una institución a través de la cual pudiéramos transmitir a nuevas generaciones lo que entendemos del Psicoanálisis. Lo cual quiere decir: transmitir lo que el Psicoanálisis, su experiencia, su práctica y su lectura ha hecho con nosotros.

Había mucho por decir y hacer en función de lo que nos habíamos propuesto. Pero ¿cómo empezar? Nos dimos cuenta de que el comienzo debía ser, a la vez una continuación. Sólo teníamos que continuar haciendo lo que hacíamos en un lugar diferente.

Eso daría lugar a una inauguración.

El psicoanálisis nos ha enseñado que un lugar es tal si tiene acogida simbólica. El nombre propio es la marca, la huella que suele hacerse cargo del representante de ese lugar, aunque – sabemos- es siempre impropio  e  inadecuado para identificarlo. Primero surgió el nombre: “Sendas”.  Luego se hizo necesario que el lugar se estableciera en un espacio físico donde fuera posible encontrarnos con gente con la cual, hablando de Psicoanálisis, pudiéramos  abrir los caminos de un trabajo nuevo. En ese tiempo no teníamos un edificio que sirviera de sede para nuestras reuniones

Surgió entonces la idea de generar un “evento” cuya realización respondiera a las connotaciones semánticas del término: constituir un hecho social, público en la medida de lo posible, que instaurara una cita, un compromiso. Pero que, además, tuviera en sí mismo un tono de “formalidad”, al que, quizá, supusimos “fundacional”.

Inspirado en estas ideas, pero con la decisiva participación del azar que supone la elección de cualquier nombre, surgió la denominación de ese espacio que, de modo itinerante se constituía en distintas salas de la ciudad: “Conferencias”: disertación y discusión sobre algún punto de interés compartido

Este nombre, ahora, en este momento de nuestra institución quizá peque de cierta solemnidad o formalidad. En 2008 “Sendas” se ha consolidado: muchos analistas nos reunimos para discutir y disertar sobre diversos puntos de interés que surgen como propuestas de los diversos espacios de trabajo. Es un gesto cotidiano.

Hace tiempo que las “Conferencias” ya no son el único espacio de reunión.  Fueron adquiriendo otro estatuto dentro de nuestra institución.  Sin embargo, en su esencia no han cambiado: son un lugar de convocatoria dirigido a la comunidad analítica para pensar los puntos más difíciles y menos transitados del campo discursivo en el que se inserta nuestro hacer. En su fundamento son lo que fueron: una invitación a pensar lo que siempre nos preocupa: ¿Qué es el Psicoanálisis?  En la medida en que no está decidido su estatuto teórico, doctrinario, práctico o clínico, y en la medida en que no se trata de establecerlo,  (no queremos “establecer” nada, todo lo contrario,  intentamos sacudir  las creencias instauradas dogmáticamente y a veces sólo por iteración) quisimos arbitrar los medios para que la pregunta acerca del estatuto del Psicoanálisis y de la función “política” de las instituciones retorne siempre sobre el que habla desde el vacío que habita ese estatuto.

Se trata de agregar una digresión, una nota al pie, un comentario al margen, una idea colateral. Sin duda, el Psicoanálisis, desde la pluma freudiana está hecho de “añadidos”. Aun en aquellos textos en los que intentaba recoger y reunir el saber alcanzado (como en la Metapsicología o en las Lecciones), Freud añadía términos, conceptos, abría problemas, resituaba cuestiones. Añadir es lo contrario de pulir, acomodar y cerrar. ¿No es acaso el espíritu del Psicoanálisis continuado por Lacan?

Pero añadir, agregar, anotar no deben ser sinónimos de oscuridad y confusión. No se trata de que cualquiera pueda decir cualquier cosa. Tendencia alarmante entre los psicoanalistas, quizá alentados y al abrigo de la dificultad de la materia con la que trabajamos. Cuando no de los muros institucionales.

Que el Psicoanálisis sea resistente a la “estabilidad” de sus conceptos no quiere decir que no podamos generar acuerdos respecto de su transmisión, ni que no podamos llevar a cabo las discusiones teóricas que necesitamos.

En este momento en que Sendas ha adquirido “cuerpo” institucional, quizá el nombre “Conferencias” podría ser sustituido por otro más casual, menos formal, y quizá más acorde con nuestro gusto actual, como “charlas” o “conversaciones”. Sin embargo hemos decidido que ese nombre que es la marca de nuestros comienzos, permaneciera identificándonos. Mal, como todo nombre.

Las Conferencias en Sendas han querido transitar cuestiones no canonizadas, que exigieran a quienes se hacían cargo de ellas alguna fuerza enunciativa. Así, por ejemplo, hablamos de la interpretación en un tiempo en que el discurso lacaniano parecía considerarla una práctica obsoleta para el psicoanálisis en aras de la instauración de un “acto analítico” que puesto así, sin más, o sea sin problematizar sus coordenadas (el significante, el sentido, el tiempo y el objeto) – que son también las de la interpretación- pudo llegar a querer decir cualquier cosa.

También hemos interrogado la función del diagnóstico y el tratamiento posible de las psicosis y de la melancolía.

También formó parte del interés de este espacio, abordar cuestiones teóricas  muy citadas pero poco fundamentadas, como por ejemplo, la noción de causa y su necesariedad para el Psicoanálisis.

Para mencionar sólo algunos ciclos de este espacio que venimos transitando:

Hemos dedicado el espacio de las Conferencias a interrogar la relación del amor con la palabra, la letra y la literatura. Para ello invitamos a escritores argentinos a hablar del tema en un ciclo que se llamó “Los escritores hablan del amor y las pasiones”, y cuyo valiosísimo resultado se encuentra entre una de nuestras Publicaciones.

Sumamos también el desafío de interrogar el nombre que nos integra– a los psicoanalistas afiliados a la palabra de Lacan- en un conjunto: ¿Qué quiere decir “ser lacanianos”?, esto a partir de la famosa frase de Lacan en Caracas que tiene el tono de un legado: “A Uds. les toca, si quieren, ser lacanianos. Yo, por mi parte, soy freudiano”.

Apertura Conferencias Sendas Año 2008

 

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